Con la baja de Morante (de quien fue la idea de recuperar esta corrida concurso de ganaderías del campo charro) el cartel definitivo se quedó en un mano a mano entre dos toreros que decían adiós: López Chaves se cortó la coleta y paseó cuatro generosas orejas ante sus paisanos, mientras que El Juli, que se despidía de Salamanca, (aún le quedan tres corridas para su retirada) cortó tres y un rabo en una tarde de arrebato, en la que volvió a ser ese torero bullidor de sus inicios.
Abrió plaza el toro de El Puerto de San Lorenzo, premiado a la postre como el mejor de la concurso (no sin polémica), que tenía las fuerzas justas. Derribó al caballo en el primer puyazo, viviendo momentos de angustia el del castoreño (Javier Román). Cumplió el Atanasio – Lisardo en el segundo. La pena fue esa justeza de fuerzas, a pesar de la cual Chaves pudo hacer una faena limpia por ambos pitones, que había comenzado toreando de rodillas por alto en el tercio. La segunda oreja se la pidió con cariño el público salmantino, que quería sacarlo a hombros, mas fue un trofeo pueblerino. Un regalo de despedida.

El de José Enrique Fraile fue el de mejores hechuras de la tarde. Un toro serio y engatillado al que Chaves saludó con una larga cambiada de rodillas. Se mostró algo abanto a la hora de ir al caballo, algo habitual en el encaste, pero empujó bien en el peto, también derribando. Fue un toro con mucha clase, pero manso. Así se demostró cuando amagó con rajarse tras un par de series en las que embistió para hacer soñar el toreo: acudiendo al cite con prontitud y yendo largo en su recorrido. López Chaves supo retenerlo sin que se marchase a los terrenos de tablas, siempre a base de derechazos.

El quinto fue un toro falto de remate de Carmen Lorenzo, quizás porque no estaba preparado para este compromiso. Aunque es lo mismo que la ganadería de El Capea, no tiene la misma antigüedad, por lo que hubo cambios para que cada torero llevase sus toros bajo el brazo (Chaves el de El Puerto, El Juli, Garcigrande…) con la ausencia de Morante (cabe recordar que en una concurso no hay sorteo, si no que se lidia por orden de antigüedad).
Cuando Domingo iba a brindar al público el último toro de su carrera, su cuadrilla lo empotró contra las tablas, cayendo al suelo rápidamente. Solo fue un golpe y tanto El Niño de la Capea como Chaves pudieron respirar tranquilos.
El torero salmantino se puso de rodillas en los medios, pero viendo que el animal no se arrancaba, fue recortando distancias. Ya no había apenas hueco, por lo que Chaves cambió su idea de torear en redondo de rodillas por un pase de pecho de rodillas, del que fue enganchado y se hizo el autoquite arrojando la muleta a la cara del toro.
Volvió el torero de Ledesma a ponerse de rodillas para, ahora sí, torear en redondo y muy despacito, con el murube embistendo a la mexicana, gateando. Por ello, la faena de Chaves fue al ralentí, aunque también despegada y con el pico. Se apreció cuando toreó al natural, cuando ya no estuvo tan cómodo ni tuvo el mismo mando. No importaron los dos pinchazos, que se le obsequió con otra oreja.
Al término de la vuelta al ruedo sus hijos le cortaron la coleta entre lágrimas y el aplauso unánime de La Glorieta.

Después de ese momento emotivo, El Juli pareció decir, «ya se ha despedido Chaves, ahora me toca a mí». Y salió arrebatado, en novillero, con una larga cambiada de rodillas, chicuelinas… y en el quite llegaron sus famosas lopecinas y, acto seguido, puso banderillas. Como en sus comienzos. El tercer par, arrancando desde el estribo, fue extraordinario por su exposición. En la misma cara del toro.
Con la muleta también empezó de rodillas y, después, ligó las series por ambos pitones en medio del fervor popular, haciendo creer a todo el mundo que el toro de Matilla era mejor de lo que fue, premiado con una excesiva vuelta al ruedo en el arrastre (el lote se lo llevó López Chaves). Tampoco faltaron sus circulares, el segundo con cambio de mano incluido, totalmente en redondo. La estocada, esta vez, cayó arriba y Julián le cortó las dos orejas y el rabo a su último toro en Salamanca.

Con su primero ya había dado una imagen de figura. El impresentable Garcigrande, alto, anovillado y sin remate, no colaboró como Juli esperaría de esta ganadería. Hirió al banderillero «El Pilo«. El torero madrileño pudo hacerle una faena llena de oficio, con buenos naturales, y arrancar su primera oreja, muy generosa por el pinchazo haciendo el julipié.

También fue feo el castaño de Domingo Hernández, acarnerado. Si el de Justo Hernández valió poco, este de Concha menos aún. Imposible el lucimiento con un animal al que le costaba un mundo pasar. Tenía muy poco recorrido.

Plaza de toros de La Glorieta, Salamanca (dos tercios de plaza). Toros de El Puerto de San Lorenzo (con clase, pero justo de fuerza; ganador de la concurso), Garcigrande (mal presentado, mejorado en su comportamiento por El Juli), José Enrique Fraile de Valdefresno (con recorrido, prontitud y algo de mansedumbre), Domingo Hernández (feo, descastado y sin recorrido), Carmen Lorenzo (noble, enclasado y con una embestida mexicana) y García Jiménez (bravo y con recorrido, se fue viniendo a menos; premiado con una excesiva vuelta al ruedo).
– López Chaves (de purísima y oro): dos orejas, oreja tras aviso y oreja tras aviso.
– El Juli (de sangre de toro y oro): oreja, ovación y dos orejas y rabo.


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