PETARDO DE ALCURRUCÉN EN UNA TARDE LARGA Y VACÍA DE CONTENIDO

La ganadería de Alcurrucén no atraviesa su mejor momento. Aunque es de las ganaderías más importantes de este siglo, su 2023 fue francamente malo y el 2024 ha empezado del mismo modo. De vez en cuando sigue echando un toro de bandera, como aquel «Pocaprisas» que le tocó a Rufo en el pasado San Isidro, pero también suma muchos petardos recientemente. El último, el de hoy.

Tampoco ayudaron a hacer más ligera la tarde los toreros, que se pasaron de faena y alargaron en demasía un espectáculo vacío de contenido.

Lo más reseñable corrió a cargo de Miguel Ángel Perera. Estuvo valiente con el segundo de la tarde, un animal de embestida descompuesta que soltaba gañafones. A punto estuvo de costarle un percance hasta en dos ocasiones.

El cuarto de la tarde fue un colorado con caja y muy en el tipo de la ganadería. Dio un pitonazo a una de las palomas, algo parecido a lo que pasó ayer. Destacó el quite de Perera por tafalleras primero y gaoneras después, aunque la última previa a la revolera resultó enganchada. La faena comenzó en los medios con dos cambiados por la espalda y un pase de las flores ajustadísimo, mas después el trasteo discurrió pegado a tablas, debido a la mansedumbre del animal, que se rajó desde el principio. Allí el pacense sacó series por ambos pitones en las cercanías. Cortó una oreja que premió su esfuerzo.

Otra oreja cortó del que abrió plaza García Pulido, que tomaba la alternativa. No se vistió de blanco y oro como es tradicional para la alternativa, sino de purísima y plata.

Sujetó bien al castaño con el que se doctoró, evitando que saliese suelto hacia la querencia, también al natural, siendo de esta forma mucho más complicado al vaciar más el muletazo.

Sin embargo, la estocada, que se fue traserísima, a los lomos, le debió privar de tocar pelo, pero no fue así y se le concedió una oreja.

Después de tres horas de festejo, la otra parecía que se la tenía cortada al sexto tras un feísimo percance en el que estuvo a merced del toro en el suelo, pero del que, afortunadamente, salió ileso. Se pasó de faena y el toro se puso muy complicado a la hora de entrar a matar, ya que no paraba quieto, por eso trató de dejar una estocada como pudo, recibiendo, pero con el toro que venía a la media vuelta, girando. No era el modo de realizar la suerte suprema y fue un bajonazo en toda regla que le privó de salir a hombros de La Candelaria como ya hiciese el año pasado de novillero.

Paco Ureña quedó inédito con un lote de nulas opciones. A destacar su quite al quinto con una fregolina y varias gaoneras. Con la muleta estuvo poco lúcido, siendo enganchado en varias ocasiones en su afán de llevar al toro largo, y menos aún con los aceros, con los que se atascó en ambos toros, y es que al berrendo tercero le costó un mundo darle muerte. La faena había sido intranscendente por la poca fuerza y menor bravura del entipado y bello Alcurrucén. A Ureña hay que verlo con toros encastados, igual que a Perera.

Plaza de toros de La Candelaria de Valdemorillo (tres cuartos de plaza): toros de Alcurrucén, bien presentados para Valdemorillo, rematados y en el tipo del encaste Núñez. De mansa condición.

Miguel Ángel Perera (de nazareno y oro): ovación y oreja.

Paco Ureña (de verde botella y oro): silencio tras aviso en ambos.

García Pulido, que tomaba la alternativa (de purísima y plata): oreja y ovación tras aviso.

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