FAENA DE FIGURÓN DEL TOREO DE EMILIO DE JUSTO

Emilio de Justo realizó una rotunda actuación ante el precioso quinto. Perera también mostró el gran momento que atraviesa, mientras que Ginés Marín tuvo una tarde muy mala (otra más tras la de octubre). No está.

El quinto de la tarde fue un bello santacoloma aleonado y chato. Hasta se daba un aire a los pablorromeros. Se desmonteró injustamente Morenito de Arles en el tercio de banderillas y Emilio brindó al público. Empezó con la diestra hasta que sufrió una espectacular cogida con el toro haciendo por él en el suelo y lanzándolo por los aires con la mala suerte de que cayó sobre su maltrecho cuello. Por suerte, esta caída no fue tan fea. De Justo volvió a la cara del toro para ponerse al natural. Quizás, la cogida, le sirvió para darse cuenta de que el derecho no era el pitón del toro, por donde se quedaba debajo.
Al natural lo cuajó, citando siempre de frente y cruzado, con muchísima pureza, para llevárselo detrás de la cadera. Qué hondura. Estuvo tremendo el torero con un toro que tuvo su picante, porque no cesó en sus miradas asesinas. El de Torrejoncillo abrochó con otra serie de naturales a pies juntos, marca de la casa. Todo presidido por el ajuste y la verdad.
Fue precioso ver cómo se llevó a «Periquito» a los medios con suprema facilidad para, precisamente, en la suerte suprema marcar los tiempos y dejar una estocada en todo lo alto. Todo parecía indicar que iba a cortar un orejón de muchísimo peso (quién sabe si dos), pero el toro se resistió a caer y Emilio de Justo echó el premio a perder con el descabello, con el que anduvo desarcetado. Se aplaudió al toro en el arrastre y a Emilio de forma unánime en la vuelta al ruedo (incluso se le pidió una segunda vuelta al ruedo).

En el quite a su primero dejó un ramillete de chicuelinas alicantinas antes de que Ginés Marín replicase por el mismo palo, pero sin bajar tanto la mano. Tras un soberbio par de «El Algabeño«, De Justo brindó al público, mas se perdió buscando estar siempre bien colocado y así no poder ser recriminado en lugar de quedarse en el sitio para ligar.

Miguel Ángel Perera estuvo solvente con su primero, al que recibió a portayola (toda una declaración de intenciones). Con su habitual temple y ligazón pegó un par de buenas series al de La Quinta antes de que este se rajase. Estuvo acertado el de la Puebla de Prior al cambiarle los terrenos hacia la querencia, donde pudo extraer dos meritorias series de naturales.

Mejor aún estuvo con el cuarto, un toro encastado de La Quinta, que se le coló en numerosas ocasiones y le hizo esforzarse al máximo. Como acostumbra, Perera estuvo firme y valiente, tragando mucho ante la incertidumbre que generaban las coladas de su oponente. La oreja habría sido excesiva, pero está vez (¡sorpresa!), Eutimio estuvo bien no concediéndola. Mejor una vuelta al ruedo así que una oreja protestada.

Ginés Marín también se fue a recibir a los chiqueros al tercero de tarde. Fue lo único reseñable de Ginés, ya no solo en esta faena, sino en su tarde en general. Estuvo muy frío e, incluso, acelerado por momentos. También con el sexto, al que propinó una fea estocada haciendo guardia. Ni con la espada (su fuerte) lo ve claro. Que pronto vuelva a ser el que hace muy poco era, ya que es un torero joven con mucho que decir, pero este no es el camino.

Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes»). Toros de La Quinta, muy bien presentados. Se aplaudió tanto de salida como en el arrastre al quinto, «Periquito».

Perera (de berenjena y azabache): saludos tras dos avisos y vuelta al ruedo tras aviso y petición.
Emilio de Justo (de blanco y azabache): ovación y vuelta al ruedo tras dos avisos.
Ginés Marín (de turquesa y oro): silencio tras aviso en ambos.

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