Nos habíamos malacostumbrado a que José Escolar salvase las isidradas en menor o mayor medida. Hasta que no llegaba su corrida no aparecía la casta, pero este año, en el peor San Isidro que recuerdo, ni siquiera la ganadería de Lanzahíta ha echado una corrida con interés. La feria toca a su fin y hay muy poquitas cosas que recordar. Veremos si mañana los victorinos se acercan al corridón lidiado hace justamente un año y vemos una tarde redonda.

Robleño robó buenos pases al primero al final de una faena de largometraje. Siempre tratando de rematar detrás de la cadera, más erguido con la derecha que al natural. Pero su faena no logró transmitir a un público que lo tiene como uno de sus toreros predilectos. Misma historia con el cuarto, con el que alargó la faena en demasía. No obstante, no se pasó tanto de faena como sus compañeros, en especial, Gómez del Pilar.

Noé estuvo muy firme con su lote, en especial con el tercero. Fue un animal que mostró clase en la primera serie, pero se apagó rápido. Se agarró al piso y se puso peligroso. Gómez del Pilar debió irse a por la espada, pero tardó en hacerlo, jugándosela innecesariamente. Desde luego que se justificó más que sobradamente, pero no había nada más que extraer de ese toro desde varias series antes de tomar la tizona.
El serio sexto confirmó la mala tarde de la ganadería abulense. La seguiremos esperando con ganas el próximo año.

El toro rescatable fue el segundo. Derribó en el primer puyazo al coger al caballo por los cuartos traseros. Empujó bien en el segundo, cobrando bastante. Y en el tercero, Damián ordenó a Gómez del Pilar (que estaba quitando) que lo dejase largo. Así lo hizo y el toro se arrancó. Clavó perfecto Alberto Sandoval, en el sitio.
Después no hubo acople de Damián Castaño con el toro. Se quiso poner bonito, pero el toro pedía mando. Había que poderle por abajo. Aun así, se agradece que trate de torear con verticalidad, pero, justamente, no era el toro para hacerlo. Además, se le muy rígido siempre a este torero, muy forzado. No le sale natural. No obstante, remató detrás de la cadera varios derechazos y naturales, por lo que podemos afirmar que su gran debe es la muleta, sino la espada. Él es consciente de ello. Por eso, en San Agustín del Guadalix se tiró a matar sin muleta. Ganas para suplir sus carencias no le faltan. Hoy fue con muleta, pero se volvió a meter entre los dos pitones del toro, siendo prendido. En esta ocasión, afortunadamente, no hubo consecuencias.

Al quinto le pegó una estocada tendida, caída y que no pasó de media estocada. Previamente, se había pegado un arrimón con el toro, que fue muy parado. También se pasó de faena, pero su apoderado le decía «sigue, sigue». En Madrid, que tenemos una feria larguísima, hay que medir las faenas. Quizás, en una feria de un fin de semana la cosa cambia, porque no van a volver toros hasta dentro de un tiempo, pero Las Ventas, que cuenta con muchísimos abonados, lo quiere todo «pronto y en la mano», como acertadamente afirmó Antoñete.

Plaza de toros de Las Ventas (17.152 espectadores). Toros de José Escolar, bien presentados, pero parados y desfondados.
– Fernando Robleño (de mostaza y oro): ovación tras dos avisos y silencio.
– Damián Castaño (de lila y oro): ovación en ambos.
– Gómez del Pilar (de purísima y oro con cabos negros): ovación tras aviso y silencio.

