Tanto Miguel de Pablo como Luis Gerpe se la jugaron en el desafío de Las Ventas y dieron la vuelta al ruedo tras dos enormes estocadas. La de Gerpe, incluso, mejor. Decepcionaron los imponentes toros de Dolores Aguirre y Sobral.

Abrió plaza un serio toro de Dolores (los tres primeros fueron de Aguirre y los tres últimos de la ganadería portuguesa) con el que Pepe Moral porfió en una faena de largometraje sin demasiado lucimiento. El toro cada vez tenía menos recorrido y estaba más agarrado al piso.

Al de Sobral lo recibió a portagayola. Tuvo que echarse al suelo y el animal hizo por él sin hacer presa. Se libró de un percance serio, aunque salió lesionado del trance. No obstante, pudo continuar la lidia. De nuevo, lo intentó, pero la faena no tomó vuelo.

El segundo de la tarde fue un toro rajadísimo. Un manso de libro. Ya cantó la gallina cuando se fue al caballo que guardaba la puerta y, sin que hubiese un peón al corte, el propio toro rehuyó la pelea. Se mostró tardo y el picador tuvo que cruzar la raya, algo que en Madrid se protesta mucho pero está justificado con un manso como este. Eso sí, podría haber puesto más ímpetu para levantar la vara y llamar al toro. Lo picó mucho y muy mal: trasero (como casi todos los puyazos).
Consiguió Miguel de Pablo sacarlo de los terrenos de toriles y robarle un par de buenas series de derechazos. El estocadón no le ortogó la oreja (que se pidió), pero sí le permitió dar una vuelta al ruedo de ley.

El quinto de la tarde era casi un calco del cuarto en pelaje y hechuras. Este con más pitones aún. Por cierto, astifinos todos a más no poder, tanto los de una ganadería, como los de la otra. Miguel de Pablo hizo un esfuerzo titánico, pues por el izquierdo no tenía ni uno, pero él se empeñó en robarle algún natural. Otros no cogen la izquierda ni con ejemplares buenos. Lo vimos el jueves en Villaseca, por ejemplo, con Cristiano Torres, pero es que también lo hacen las figuras. En uno de esos intentos de natural (pues el toro ni siquiera tenía embroque, no pasaba) fue prendido. Parecía que podría llevar una cornada en la pierna y un fuerte varetazo en el costado o la espalda. Afortunadamente, se quedó solo en lo segundo. No pasó Miguel de Pablo a la enfermería, pero sí Pepe Moral, que al ir a quitar el toro vio que no podía correr y tuvo que volver a la pata coja.
De Pablo continuó la lidia con gallardía. La última serie fue por el pitón derecho y ahí el toro iba mejor, pero el torero se tomó las precauciones que sí eran necesarias por el otro pitón. Debió apostar más por el derecho, pero dio una gran imagen y debe volver a Las Ventas.

Luis Gerpe también debe volver. El de Dolores también fue manso y terminó echándose. Fue este un toro con muchísima caja. Una mole. No se movió mucho, claro. Y cuando lo hizo fue en huída, aunque no tan rajado como el anterior. Pegó un par de arreones de manso en los que apretó hacia los adentros y le pusieron costar un buen susto a Gerpe.

Lo mejor de su actuación fue con el precioso ensabanado (o sardo claro según el programa) de Sobral. Lo recibió a la verónica con su peculiar capote (con ese envés tan extraño) y lo toreó con firmeza. Mató de una excelsa estocada (de las mejores del año) entrando recto y sin aliviarse lo más mínimo. Fue un puñetazo en todo lo alto de efecto fulminante, que equivalió a una vuelta al ruedo.

Plaza de toros de Las Ventas (7238 espectadores). Toros de Dolores Aguirre y Sobral. Excelentemente presentados: muy serios y astifinos. Imponentes. Fueron mansos los de Dolores y reservones. Muy difíciles por el pitón izquierdo los de Sobral, que desarrollaron mucho sentido. No fueron aptos para un toreo lucido, pero los de Sobral mantuvieron más interés que los de Aguirre. Ningún toro tomó tres varas a pesar de ser un desafío (no se prestaron a ello), ni se los colocó bien para la suerte de varas. Tampoco se picó bien.
– Pepe Moral (de marfil y oro): ovación en ambos.
– Miguel de Pablo (de azul cielo y azabache): vuelta al ruedo y ovación.
– Luis Gerpe (de azul marino y oro): silencio y vuelta al ruedo.


Deja un comentario