AARÓN PALACIO CORTA UNA OREJITA EN LA FERIA DE LOS INVÁLIDOS 

Aarón Palacio cortó una oreja de poco peso tras una notable faena al quinto, el mejor del encierro de Alcurrucén, pero en la que necesitó de dos golpes de descabello que le deberían haber dejado sin tocar pelo. Zulueta no tuvo opciones y Sergio Sánchez desentonó en comparación a sus dos compañeros. En la novillada de hoy se devolvieron dos ejemplares, que debieron ser tres, pues el presidente se empeñó en mantener en el ruedo al sobrero de Montealto solo porque ya se habían devuelto dos novillos. Hemos pasado de decir eso de la “feria de los avisos” en las dos últimas isidradas a en esta decir “la feria de los inválidos”. No porque ya se den menos avisos, porque se siguen alargando las faenas innecesariamente, sino porque ya nos hemos malacostumbrado a ello, pero que se caigan tanto los animales sí que es novedad. Más que novedad, una vuelta a un pasado no tan lejano. Los comentaristas de televisión lo achacan al exceso de lluvia durante este año. Tal vez tengan razón, aunque no es el único motivo. Por ejemplo, los picadores también están poniendo de su parte, cargándose, literalmente, reses como la segunda de hoy (primer novillo devuelto en la tarde). Lo cierto es que el sábado se devolvieron dos toros y pudieron ser tres, el domingo otros dos y hoy se han devuelto dos novillos, que no es que también hayan podido ser tres, es que han debido ser tres. 

Como decía, en el primero de los devueltos el gran culpable fue Mario Benítez, pegándole un puyazo paletillero que acabó de estropear a un utrero que no andaba sobrado de fuerzas. En su lugar salió un sobrero colorado ojo perdiz con mucha caja. ¿Pasado de romana? En la tablilla se anunciaron 539 kilos, cuando el máximo de un novillo es 540. Sospechoso… El novillo fue noble, pero falto de casta y bravura. Aarón Palacio estuvo templado, pero al hilo del pitón y eso en Madrid no se perdona. Quieren un toreo siempre muy cruzado, por lo que entre ese toreo al hilo y el uso del pico, la faena nunca rompió. 

Los aficionados sabemos que torear despacio es lo más difícil, pero hay personas que parecen emocionarse más con un toreo vertiginoso. Y no es que el quinto fuese una alimaña. Ni mucho menos. Fue el mejor novillo de Alcurrucén. Ante él, Aarón Palacio estuvo en novillero, que era lo que la tarde pedía para poder levantarla. Se fue a portagayola a recibirlo y empezó su faena de muleta de rodillas con ayudados por alto, aunque ahí ya se vio que por el derecho recortaba el viaje. Tras este inicio de enorme exposición y explosivo, Palacio no fue capaz de atemperarse para mostrar su temple y estuvo más acelerado, pero llegó mucho al público. Sus formas son muy buenas, pero no apostó por el pitón izquierdo, ya que la faena se basó en la diestra. Este era un novillo para cuajarlo al natural, como se vio en un sublime cambio de mano. Tras esa serie, sí que se echó definitivamente (por fin) la muleta a la izquierda, pero el novillo ya no tenía el mismo motor. Tardó en verlo. Se lo perdonamos porque aún es novillero y mostró arrojo y un buen concepto del toreo, aunque ¡cómo le habrían cambiado las cosas de haber desorejado a este novillo!, como creo que podría haber hecho si realiza la mayor parte del trasteo con la zurda. Aun así, los naturales finales que dio fueron ceñidísimos y rematando detrás de la cadera. Ahora bien, tras la estocada vinieron los descabellos, por lo que creo que no se debería haber otorgado la oreja. Y si el presidente decide darla (porque ciertamente había mayoría), que la dé cuando la tiene que dar, no cuando ya se están llevando las mulillas al novillo. Con esto remató el usía su pésima actuación, tras empeñarse en no devolver al sobrero de Montealto. 

Fue este un zambombo de feísimas hechuras, que mostró más bravura que los de Alcurrucén, pero menos clase y fuerzas. Se caía constantemente, pero hubo que tragárselo a pesar de las protestas. ¿Qué hacía Zulueta brindando eso? Quedó inédito, más allá de alguna preciosa trincherilla. Lo mejor de su actuación fue una media y su quite por chicuelinas al quinto. Muy toreras. Con el sexto volvió a dar muestra de su sevillanía, con ese toreo clásico y artista que se pudo intuir (porque lo conocemos) más que ver, ya que todo fueron pinceladas aisladas al no haber materia prima. Así no se puede. 

El que abrió plaza se dejó. Quitó Sergio Sánchez por saltilleras y empezó su faena por estatuarios. Terminó por bernadinas. Como ven, solo destacó en lo accesorio (que está bien, pero no deja de ser eso, accesorio, un complemento de lo fundamental). Le faltó valor para dejársela puesta al quinto y ligar los pases, especialmente, al natural, por donde podría haber tenido más opciones el novillo en otras manos. Lo que no se puede negar es la buena actitud que tuvo Sergio Sánchez, aunque sus planteamientos de faena no fueron los más acertados. 

Plaza de toros de Las Ventas (19.776 espectadores). Novillos de Alcurrucén (nobles y sin fuerzas: dos devueltos; destacó el quinto y se dejó el lote de Sergio Sánchez) y un sobrero de Montealto (debió ser devuelto). 

  • Sergio Sánchez (de lila y oro): silencio en su lote. 
  • Aarón Palacio (de tirita y oro): palmas tras aviso y oreja tras aviso. 
  • Javier Zulueta (de verde botella y azabache): silencio en ambos. 

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