Venía de ver las tres corridas de toros de Colmenar Viejo y, como expresaba en la crónica de ayer, a pesar de que se han visto ciertas cosas, mi balance general de la feria es que había sido bastante mala, sobre todo por el pobre juego de los toros: flojos, parados y descastados, salvo alguna excepción.
Por eso, novilladas como la de hoy, que seguro levantarán opiniones contrapuestas, opiniones de todos los tipos, me resultan tan interesantes. Es más, ha sido uno de los festejos más emocionantes de la temporada. No estamos acostumbrados a ver novilladas tan duras como esta y se agradece que de vez en cuando también salga alguna así de complicada, más aún en un coso tan pequeño como el de Villaseca, donde todo llega con mucha mayor fuerza al tendido. Siempre lo digo, da gusto ver toros en esta ejemplar plaza.
Los novillos de Saltillo estuvieron bien presentados y los primeros se mostraron muy orientados. El primero, de hecho, volvió a corrales después de que Miguel Serrano no fuese capaz de darle muerte. Otros muchos tampoco habrían podido. Esta ganadería desarrolla un sentido extraordinario y sus reses son tremendamente listas. Están pendientes de todo. La segunda parte del festejo estuvo más en Santa Coloma, tanto por hechuras como por juego, en especial el sexto (se rumorea que Saltillo pudo refrescar con este encaste).

Abrió plaza un novillo serio y con volumen. Ya en el recibo capotero de Miguel Serrano cantó que se quedaba corto por el pitón izquierdo. Poco después ya no era simplemente que se quedase corto, es que embestía recto. Por ese pitón se iba al cuerpo. Evidentemente, así es imposible torear, pero esto también es parte de la tauromaquia. Miguel Serrano lo intentó sin ser capaz de quedarse quieto, algo totalmente justificado en este caso. Se le vio con mucho miedo, lo cual se reflejó a la hora de entrar a matar, tratando de alargar el brazo como fuese, pero sin mucho convencimiento. Tampoco lo tuvo con el descabello, muy precavido ante un posible arreón del novillo. Muy mal el toledano golpeando con fuerza en el hocico al utrero provocándole una hemorragia. De esta forma sonaron los tres avisos y el novillo se fue a corrales tras varios minutos, ya que costó mucho llevarlo allí con una estocada encima (y sin abrir la boca) y emplazándose ahí después. Tuvieron que salir los cabestros (que debieron hacerlo antes) y el saltillo se hizo el guardián del ruedo de nuevo, arrancándose también contra los mansos con la misma mala idea que lo había hecho previamente con los hombres de luces. Finalmente, entró y Miguel Serrano saludó una injustificada ovación después de que se le fuese el toro vivo.

El cuarto tenía muy buenas hechuras y dio buen juego, pero a Miguel Serrano ya le había podido el miedo. Muchos gestos de cara a la galería, pero no en la cara del toro y un toreo por momentos templado, pero despegadísimo. Sin nada de ajuste. Cabía otro novillo entre medias. De nuevo, medroso con la espada.

Al segundo lo recibió un decidido Mariscal Ruiz a la verónica. Este altísimo novillero fue el único que demostró aplomo en la tarde. Fue el que mejor estuvo, dejándome mucha mejor sensación que hace un año en Arganda, donde no me gustó nada. Se le ve más maduro y con mayor oficio.

Tras un criminal tercio de varas, Mariscal Ruiz pisó terrenos muy comprometidos, lo que le costó un susto, del que salió bien parado por su elevada estatura. Le pasó por no rectificar la posición en un parón del novillo. Estos novillos te ven y no perdonan, mientras que otros de ganaderías más comerciales, normalmente, sí que perdonan al torero. No se amilanó Mariscal Ruiz que siguió tragando mucho y, además, toreó con gusto, aunque también abusando del pico. Se pasó de faena. Le sobraron las dos últimas series.

El quinto fue de los novillos que no tenía tanta fiereza. Permitió estar delante, pero Mariscal Ruiz no pasó de la discreción en esta ocasión.
El tercero, cornicorto, pero con caja, fue una prenda. Una alimaña auténtica, que comenzó embistiendo bien, hasta que se paró unos segundos. En ese brevísimo impasse de tiempo, pensó, se orientó, vio a Osornio y se fue derecho a por él. Lo cogió, afortunadamente, sin consecuencias. A estos novillos no se les puede dejar pensar. Es increíble lo inteligentes que son. Por esto, el picador, Santiago Pérez (al que la Guardia Civil le tomó sus datos), lo masacró con el beneplácito del novillero. A pesar de ello, no cesó en sus arreones peligrosísimos. Lo lidió bien Iván García y Héctor García puso dos pares extraordinarios, especialmente, el segundo, exponiendo muchísimo. Soberbio. Fue un par de una tremenda exposición hacia los adentros, con la dificultad que entrañaba el novillo, que le esperó hasta el final e hizo hilo. Puso a la plaza en pie, como no podía ser de otra forma.
A continuación, Emilio Osornio se dobló con él y se fue rápidamente a por la tizona. Le costó darle muerte, aunque menos de lo que podría caber esperar con semejante novillo.

También picaron muy mal a su segundo novillo, el último de la tarde, de hechuras y pelaje totalmente Buendía. También en su juego, saliendo desentendido con la cara arriba, sin entregarse.

Plaza de toros de Villaseca de La Sagra (media plaza). Novillos de Saltillo, bien presentados y muy orientados. Dificilísimos primero (se fue vivo) y tercero, desarrollaron sentido desde el principio; complicados también los demás.
– Miguel Serrano (de púrpura y azabache): ovación con protestas tras tres avisos y ovación tras aviso.
– Mariscal Ruiz (de verde hoja y oro): ovación y silencio.
– Emiliano Osornio (de tabaco y oro): silencio en ambos.

