José Antonio Morante de La Puebla brindó ayer un día para la historia de la tauromaquia. Por la mañana se encargó de organizar un festival para la construcción de la estatua de Antoñete en la explanada de Las Ventas en el que, por supuesto, participó el de La Puebla. Un festival de altísimo nivel, con toreros retirados, como ahora ya también lo está Morante. Un regalo para el aficionado. Y por la tarde, vestido, precisamente, de Chenel y oro, Morante se ha cortado la coleta para sorpresa de todos. Se retira un torero histórico. Tenía pensado hacer una crónica del festival y otra de la Corrida de la Hispanidad, pero la retirada de Morante eclipsa lo sucedido en el ruedo, por lo tanto, hoy no vais a tener una (o dos, en este caso) crónica al uso, aunque trataré de relatarles todo lo acontecido en el día de ayer (el más emotivo que recuerdo en el mundo de los toros) y no dejarme nada en el tintero.
Por la mañana se celebró el esperado festival pro monumento a Antonio Chenel, «Antoñete«. Madrid, la plaza más sentimental que hay, ovacionó a todos los integrantes tras el paseíllo y antes de cada actuación.
Abrió plaza el de rejones (de El Capea), que tuvo clase, para Pablo Hermoso de Mendoza, quien destacó con sus habituales suertes como al hermosina, de creación propia. Ciertamente, el de rejones sirvió de calentamiento para todo lo que se venía.

Cuando le tocó el turno a Curro Vázquez tuvo que salir a saludar una atronadora ovación. Siempre fue el «Curro de Madrid». Setenta y cuatro años a sus espaldas, pero no podía fallar a la llamada de Morante para homenajear a su compañero y amigo, Antoñete. Tampoco podía faltar a su plaza: Las Ventas.
Sin probaturas se estiró a la verónica. Y la primera tanda con la muleta fue absolutamente cumbre. Desmayado, encajado de riñones. La remató con un sensacional trincherazo (hoy se torea mejor que nunca, dicen…).
En la siguiente no hubo acople, pero después logró volver a torear como a Curro le gusta y dejó dos trincherillas sensacionales. Qué mérito torear así a esa edad. Se salió de la suerte al entrar a matar, pero dejó la estocada. Obviamente, en un festival no cabían las protestas y todos los aficionados de Madrid lo sabían. Agradecieron el enorme esfuerzo de Curro (y su excelente toreo) premiándolo con las dos orejas del enclasado Garcigrande (todos los novillos fueron de Garcigrande a excepción del de Morante).

Frascuelo entró ayer en el cartel en sustitución de Julio Aparicio y se convirtió en el torero más longevo en hacer el paseíllo en Madrid (setenta y siete años). Se notó que está muy mayor: fue a brindar el toro a la infanta Elena y se equivocó de persona y cuando dio la vuelta al ruedo, dio una y cuarto, ya que se pasó sin darse cuenta. Toreando anduvo voluntarioso. También trató de torear de primeras a la verónica, pero rápidamente se vio que este novillo era más complejo. Manso encastado. Su faena tuvo torería, pero no logró una gran reunión como sí había logrado Curro Vázquez, que dejó el listón muy alto. Al realizar la suerte suprema estuvo a punto de ser cogido.

César Rincón volvió a su plaza de la que «se despidió» en 2007, toreando, precisamente, con Morante (y César Jiménez). Su garcigrande fue altote y con más volumen que los anteriores, pero no veía bien. Pasaba sin embestir. El burriciego arrolló a dos banderillos y el propio Morante pidió que se devolviese. Así se hizo, llevándose otra gran ovación Florito, que también se retiraba.
Salió otro novillito de Garcigrande, de mucha menor presencia. Presto, Rincón lo recibió a la verónica, parando el tiempo. Tremendo el recibo abrochado con la media.
Con la muleta hizo una faena marca de la casa, dando muchas distancias al novillo. Lo citó de muy largo y lo embebió en la franela de su muleta con mucho mando. Primero con la diestra. Después, al natural. Lo bordó de este modo, con la izquierda. Cargando la suerte.

Volvió a la derecha, toreando ligado y con muchísima transmisión. Una faena cumbre, que demuestra que si quisiera estaría para volver. Pinchó en lo alto y el colombiano se llevó un buen rebote, mas el público de Madrid lo ovacionó. Tras la estocada cortó dos orejones.

Enrique Ponce brindó a Morante. Toreó con muchísima suavidad y un temple superlativo. Así lo hizo por chicuelinas y, luego, en su faena de muleta. Destacó mucho más en los remates, perfectos, que en el toreo fundamental, en el que, aunque con temple, abusó algo del pico y de la noria. Sin embargo, los cambios de mano fueron excelsos. También muy buenos los de pecho enroscados y las trincheras. No faltaron sus habituales poncinas en el epílogo de una faena de largometraje.

Morante escogió un ensabanado de Osborne, como aquel mítico toro blanco («Atrevido») de la faena de Chenel. Este venía de aquella familia. Precioso el gesto de Morante y precioso el novillo de lámina.

Se llevó una gran ovación de salida. No obstante, su juego fue pobre y todo lo tuvo que poner Morante, tirando de sus habituales recursos como el molinete y el molinete invertido, así como los pases de la firma. Faena torera del de La Puebla, que cortó una oreja.

Cerró el exitoso festival Olga Casado, que brindó al resto de actuantes del cartel.

Realizó un ceñidísimo quite por gaoneras, antes de torear con menor ajuste con la muleta. Destacaron sus templados pases de pecho de pitón a rabo, así como otros remates como el afarolado o el pase del desdén. Cortó dos orejas.

Y por la tarde volvía Morante en su histórico día, que, para sorpresa de todos, fue mucho más histórico aún por su sorpresiva retirada. Dejó a Madrid (y al toreo) helado con su corte de coleta. La tauromaquia se queda huérfana. Se va uno de los toreros más importantes del siglo XXI y deja un enorme vacío. Ya no solo por cómo torea, inigualable, pero ahí están otros toreros artistas como Juan Ortega, Pablo Aguado o los jóvenes Mario Navas y Javier Zulueta (a Diego Urdiales y Uceda Leal tampoco les puede quedar mucho tiempo). Sino por las masas que mueve Morante (esa legión de palmeros hoy, junto con el presidente, le regaló una Puerta Grande sin saber aún que se iba), que solo las mueve Roca Rey y, sinceramente, no me van a comparar el toreo del uno con el del otro. El toreo no se acaba aquí: se retiraron Curro Romero (también sin hacer ruido) o Rafael de Paula, que fueron toreros artistas también, y el toreo perduró. Y los que decían que no iban a volver se hicieron de Morante. ¿Por qué no se iban a hacer ahora de Ortega, por ejemplo? Lo que está claro es que esto necesita tiempo y ahora hay un gran vacío, ya no solo sin Morante, sino también sin Ponce, sin El Juli y sin José Tomás (aunque este no esté retirado, hace tres años que no torea). Se ha ido una sensacional generación de toreros, que la generación posterior nunca pudo superar (la de Castella, Manzanares, Talavante, etc.) y que, además, ahora está ya en horas bajísimas. Es el turno de Juan Ortega, Fortes, Víctor Hernández, Román, Borja Jiménez… y Roca Rey. Pero solo este último llena todas las plazas y el monopolio siempre es peligroso. Veremos a qué llega Marco Pérez. También Tomás Bastos y compañía. No obstante, ya saben que cuando no hay figuras sube el toro y las ganaderías toristas pueden ser el gran atractivo de cara a los aficionados, pero no van a llenar las plazas.

Morante se va en plenitud, sin arrastrarse por las plazas y sin vender una temporada de despedida para arañar contratos. Obviamente, no le hace falta. Morante torea donde quiere. Se marcha de manera repentina, sin hacer ruido previo, como en su día ocurrió con Curro Romero, por ejemplo.

Tras este comentario, vamos con lo sucedido en la corrida de la tarde.
Tras el paseíllo la plaza recibió con una gran ovación a Fernando Robleño, torero de Madrid que sí sabíamos que se retiraba, que iba vestido de grana y oro como bandera de España en este día de la Hispanidad. Como no se sabía muy bien si iba la ovación por Robleño o por Morante por haber realizado el festival, salió la terna a saludar. Madrid, especialmente, el 7, dejó claro que era para Fernando, sacándolo de nuevo a saludar por su brillante trayectoria con las duras. Destacadísimos fueron sus primeros años y también los últimos, en los que ha pinchado tres puertas grandes indiscutibles, con toros nada menos que de Valdellán (la del toro «Navarro»), de José Escolar (la de «Camionero») y la de Adolfo Martín. Algunos dicen que la de ayer también (para mí, desde luego que no).
Poco pudo hacer con su primero. Tampoco tiene Robleño ese duende en su toreo para ponerle al toro lo que le falta. Él siempre ha sido de ir a la guerra, aunque tenga cierta clase. No obstante, siempre adelantó la pierna de salida, toreando enfrontilado.

Al buen quinto le robó series templadas de derechazos ligados. Todavía estábamos en shock por la repentina retirada de Morante. Robleño pinchó, pero se le dio una justa oreja que no solo premiaba la faena, sino la trayectoria de un torero honrado. Sus hijos le cortaron la coleta.

Y no nos equivoquemos: Robleño (al que Morante dio en su día la alternativa y no habían vuelto a coincidir desde aquel día) también deja un gran vacío en su circuito, el de las duras, donde era un especialista con los albaserradas, Dolores Aguirre, Baltasar Ibán… No obstante, aquí quedan toreros con capacidad para seguir copando esos puestos en las ferias, como son Manuel Escribano, Román, Juan de Castilla, Gómez del Pilar y Damián Castaño.

Sergio Rodríguez entró en el cartel como triunfador de la Copa Chenel, pero tuvo la mala suerte de que todo lo que hiciese iba a quedar en el olvido tras el corte de coleta del diestro cigarrero. Al toro de su confirmación le hizo una faena solvente, toreando bien por ambos pitones y con estética, pero no logró que la faena tomase vuelo.
Con el último el respetable ya estaba más pensado en la Puerta Grande que en su faena, a pesar de que el abulense trató de calentar al tendido recibiendo al toro de rodillas. Considero que se equivocó brindando este toro a Ayuso en lugar de hacerlo a Robleño y Morante, que se retiraban. ¿Qué mejor ocasión?
Morante también brindó a su primer toro a Isabel Díaz Ayuso, algo sorprendente en José Antonio. Lo recibió con un manojo de verónicas coreadas antes de tiempo por sus palmeros. El toro le apretó y ya dió la sensación de que este no le había gustado. Se confirmó con la muleta. Abrevió. Aun así, lo probó y mostró que el toro no servía, algo que en otro momento de su carrera, seguramente, ni siquiera hubiese hecho. Como acostumbra cuando hace faena, se salió descaradamente en la suerte suprema y pinchó varias veces.
Recibió a su segundo con una tijerilla de rodillas en los terrenos del siete y, acto seguido, chicuelinas. Cuando iba a llevarlo al caballo el toro lo cogió al colarse por el pitón izquierdo y Morante de La Puebla se quedó vendido en el suelo, a merced del toro, que no hizo por él.
Tras quedar aturdido, volvió a la cara del toro entre el clamor popular.

Brindó a Santiago Abascal (se me antoja extraño que si él mismo supiese que era el último toro de su carrera se lo brindase a Abascal, salvo que quiera meterse en la política).
La faena tuvo temple y muchísimo empaque, llevando al toro muy toreado en los derechazos. Nada de pasarlo sin más. Hubo un extraordinario cambio de mano. No rehuyó de ponerse al natural, aunque por ese pitón (por el que le había cogido) el toro se vencía muchísimo. Apretaba una barbaridad, pero Morante estuvo muy firme y toreó muy ceñido. Mató de una buena estocada y la oreja parecía el premio justo (y de menor mérito que las cortadas en esta feria por Román y por Víctor Hernández), pero se le pidieron las dos en un ambiente festivo y triunfalista, seguramente, influenciado por el festival matinal, y el presidente otorgó ambas. La Puerta Grande más barata que recuerdo. Un regalo, vaya. ¿Sabría el presidente que se retiraba? No lo creo. Arreciaron las protestas de una buena parte de la plaza y los gritos de «fuera del palco». No se puede devaluar Madrid de esta forma. El sorpresón llegó cuando tras dar la vuelta al ruedo se fue al centro del ruedo y se cortó la coleta entre lágrimas. Muy emocionado.

¿Lo tenía pensado? ¿Fue un arrebato tras la cogida y la Puerta Grande? Nunca había desorejado un toro en Madrid. ¿Sintió que ya había logrado todo en el toreo? ¿Fue como consecuencia de que le diesen las dos orejas por ser quien era, por su nombre, más que por sus méritos? ¿Lo sabía ya su entorno más cercano?
Y la pregunta más recurrente casa vez que se retira un torero: ¿Volverá? El tiempo lo dirá. Morante ya se ha retirado en varias ocasiones, pero nunca se había cortado la coleta, síntoma de que la de hoy ha sido su última corrida. Pero Morante es Morante y es difícil comprenderlo, por lo que no aseguraría nada. De momento, toca lamentar su despedida. La despedida de un torero con sus luces y sombras, pero que ha sido un genio. Un torero que ha fundido en su toreo lo mejor de los grandes maestros clásicos y le ha dado su personalidad. Un torero completo cuando él ha estado predispuesto (capote, muleta y espada) y ese puede ser uno de los «peros», que no siempre haya hecho el esfuerzo teniendo las mejores condiciones, pero desde la pandemia para acá sí ha tenido esa buena actitud. Ha mostrado un gran compromiso con la tauromaquia, como se ha visto esta mañana, mismamente. Emuló también a Gallito toreando cien corridas en un año y se propuso recuperar encastes y ganaderías históricas, como la de Paco Galache.
Morante de La Puebla ha sido un artista capaz de lo mejor, como aquel histórico rabo en Sevilla. Un torero para el recuerdo.

Plaza de toros de Las Ventas. Doble jornada con «No hay billetes» por la mañana y por la tarde.
Festival matinal pro monumento a Antoñete. Novillos reglamentariamente despuntados de Garcigrande, con clase en el último tercio. Se devolvió al burriciego para Rincón y salió otro sobrero mucho más pequeño de la misma ganadería, que fue muy bueno en la muleta. Un novillo precioso de Osborne para Morante, desclasado, y uno de El Capea para rejones, que fue bueno.
– Pablo Hermoso de Mendoza: ovación.
– Curro Vázquez: dos orejas.
– Frascuelo: vuelta al ruedo.
– César Rincón: dos orejas.
– Enrique Ponce: oreja tras aviso.
– Morante de La Puebla: oreja.
– Olga Casado: dos orejas.
Corrida vespertina: Corrida de La Hispanidad. Toros de Garcigrande, bien presentados. Destacó el buen quinto: «Tropical».
– Morante de La Puebla (de Chenel y oro): silencio y dos orejas con protestas previo corte de coleta.
– Fernando Robleño (de grana y oro): silencio y oreja con corte de coleta.
– Sergio Rodríguez, que confirmaba la alternativa (de blanco y oro): ovación tras aviso y silencio.
*Morante salió a hombros por la Puerta Grande. A Fernando Robleño lo sacaron a hombros por la puerta de cuadrillas.

