VUELVE EL IDILIO DE JUAN ORTEGA CON VALDEMORILLO. INSPIRADÍSIMO EL DE TRIANA.

En una terna de toreros clásicos y artistas en la que, de nuevo, falló la materia prima, el toro, sí que hubo uno que fue la excepción. Fue el quinto, por lo que tuvimos la suerte de que le cayese a Juan Ortega, que estuvo inspiradísimo. Después de que el año pasado no rodasen las cosas para él en esta plaza tras sus grandes triunfos de 2023 y 2024, este año volvió a descerrajar la Puerta Grande, por lo que en 2027 vuelve a ser imprescindible. Pero más allá de los trofeos, lo importante cuando hablamos de este tipo de toreros son las sensaciones que nos transmiten. Juan Ortega es un torero capaz de crear auténticas obras de arte.


El que abrió plaza fue un animal de Torrealta sin nada de fuerza. Imposible transmitir cuando el toro pierde las manos reiteradamente, a pesar del mimo con el que lo trató Uceda Leal, en una faena de enfermero que debió cortar antes por lo sano. Pinchó en dos ocasiones antes de dejar una estocada atravesada.

Firmó muletazos con torería con el jabonero cuarto, pero tampoco terminó de tomar vuelo la faena en un momento en el que ya veíamos que el festejo se iba con más pena que gloria, hasta que llegó la gran faena de Juan Ortega en el quinto y, entonces, sí que llegó la gloria.


El segundo de la tarde salió con pies. Se dio un buen golpe contra uno de los burladeros. Juan Ortega no fue capaz de parar esas velocísimas embestidas con el capote (el cual ahora lleva con las vueltas de un amarillo tan pálido que es casi blanco), por lo que le picaron muchísimo y muy trasero.

Quedó el toro algo mermado de condiciones y Juan dejó un trasteo demasiado extenso. Tan solo se puede destacar algunos muletazos en el epílogo de la faena: doblones por bajo, un par de molinetes, el abaniqueo… Detalles toreros. Mató de una estocada baja.

El quinto fue el toro de mejor condición y lo aprovechó el torero trianero desde el comienzo, con un buen ramillete de verónicas, aunque no pudo lograr detener los relojes, algo que es sumamente complicado, pero a lo que Juan nos tiene malacostumbrados con el capote.
Hubo una serie de naturales muy despaciosa, pero que resultó algo enganchada de tan despacio que quiso torear. El pitón bueno del toro era el derecho, con el que embestía con más clase y repetición. La siguiente serie fue colosal. Dio muchísimos derechazos de enorme calidad. Siempre vacía detrás de la cadera y cita con enorme pureza. Y sale de la cara con una torería que le hace diferente a los demás toreros. Aunque las dos últimas series fueron desiguales y la faena (como el toro) se vino algo a menos, las dos orejas eran de ley. De hecho, tardó demasiado en darlas el presidente, que debió sacar los dos pañuelos del tirón.


Pablo Aguado bordó el toreo a la verónica con el precioso tercero. Por momentos, ralentizó sus embestidas ya de salida. Quizás, esa forma de embestir como si viniese ya picado del campo escondía, de nuevo, la falta de fuerzas y de casta. El toro, sin ser un inválido, estaba más que medido. Por ello, aunque Aguado dejó muletazos de enorme naturalidad, mostrando su gran momento, no llegó a los tendidos y acabó aburriendo. Se censuró que sonase la música, pues no había nada de emoción. Es lo que suele pasar con estos toreros artistas, que torean muy bien, pero por las ganaderías que escogen, casi nunca tienen toros para emocionar. Se atascó además con la espada.


El que cerró plaza sí que fue un inválido en toda regla. No se pudo lucir Aguado en el saludo capotero en el que ya se vio que el toro pasaba sin ningún celo, sin embestir. Y en la muleta, en cuanto se empleaba lo más mínimo, se iba al suelo. Además, le costaba volver a levantarse. Pablo Aguado tuvo un lote imposible, pero de nuevo, se pasó de faena. ¿Qué necesidad tienen estos toreros artistas de dar tantos muletazos? Por cierto, otra vez mal con la tizona.

Plaza de toros de Valdemorillo (lleno). Toros de Torrealta, terciados y de poca fuerza primero, cuarto y sexto (un inválido). El mejor fue el quinto, con un gran pitón derecho.

Uceda Leal (de negro y oro): palmas y vuelta al ruedo.
Juan Ortega (de gris perla y oro): silencio y dos orejas.
Pablo Aguado (de negro y oro): silencio en ambos.

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