EL TOREO DE CURRO DÍAZ EN MADRID

Curro Díaz saludó una ovación y dio una vuelta al ruedo en Madrid, en una tarde que se presumía muy complicada para él tras el fallecimiento de su padre dos días antes. Madrid lo sacó a saludar con cariño y estuvo con él. Curro mostró su tauromaquia, con sus virtudes y sus defectos, pero firmó lo más destacado de la floja corrida de Martín Lorca. El quinto también dio opciones, pero Rafa Serna no dijo nada. Diego San Román volvió a mostrar su enorme valor, pero ese toreo valeroso necesita de un toro encastado, como pasó en San Isidro con aquel «Judío» de Fuente Ymbro.

Tanto Diego San Román como Curro Díaz habrían merecido estar anunciados en San Isidro en lugar de hacerlo fuera de feria, pero por casualidades del destino a Curro se le anunció para este Domingo de Resurrección y justo dos días antes perdió a su padre, quien le solía acompañar en sus actuaciones.
Se guardó un minuto de silencio tras el paseíllo en su memoria (y en la de Ricardo Ortiz). El 7 le sacó a saludar y estuvieron muy condescendientes con él en el primer toro. Es uno de sus toreros predilectos. También de Victorino Martín, que le aplaudía desde el 8. A Curro le perdonaron el torear fuera de sitio (especialmente, al natural) como a otros no se lo hubiesen perdonado. No obstante, lo cierto es que aunque con poco ajuste todo lo que hace rezuma arte. Hubo detalles toreros, aunque pecó de acortar el muletazo en algunas ocasiones. Necesitó de dos golpes de descabello y escuchó una ovación.

En el cuarto sí que le censuraron ya alguna cosa, aunque hubo división de opiniones. Mientras unos le jaleaban y le animaban otros gritaban «así no se puede Curro». Se pasó al toro lejos, pero como antes, con pellizco. Fue superior esta faena. Con más destellos toreros, como un soberbio trincherazo en el inicio de faena, marca de la casa. El trasteo fue desigual, destacando en los remates y en los momentos de desmayo, que fueron pocos. Tragó en los momentos finales, cuando ya al animal le costaba más pasar. Hubo petición de oreja, pero no se concedió. Curro dio la vuelta al ruedo y tras ella rompió a llorar.

Diego San Román dejó su carta de presentación en el quite al segundo toro, el correspondiente a Rafa Serna. Por ceñidas gaoneras. Después, recibió al castaño tercero con varias verónicas con el toro repitiendo, hasta que dejó de hacerlo y se fue huyendo descaradamente. Fue un animal sin nada de fuerza, al que no se entiende porqué el presidente no lo devolvió antes.
Finalmente, asomó el pañuelo verde.

Corrió turno el mexicano y saltó el reseñado como sexto, un toro muy abierto de cara y con caja, con el que San Román realizó una faena de largometraje.

Comenzó en los medios realizando el péndulo. Toreó después por ambos pitones muy encajado, con firmeza. Mató mal.

Tampoco mató bien al sexto, el sobrero de Carmen Valiente, ya que la estocada fue caída. Había realizado el quite de nuevo por gaoneras (sin lograr quedarse quieto) previa caleserina. Remató con la media. Este torero no se deja nada dentro. Toreó con la muleta con aplomo y pulseando las embestidas del animal, conduciéndolo con temple hasta terminar por reducir mucho las distancias, pero como decía al principio, ese toreo requiere de un toro con mayor transmisión.
De nuevo, se pasó de faena y escuchó el aviso antes de entrar a matar.

El segundo de la tarde también perdió las manos varias veces y estuvo totalmente agarrado al piso. No dio ninguna opción a Rafa Serna.

Sí se la dio el buen quinto. El mejor de la tarde. Sin embargo, Rafa Serna no lo aprovechó. Realizó un trasteo académico, correcto, pero sin ningún sentimiento. Muy frío y desigual.

Plaza de toros de Las Ventas (10.030 espectadores). Toros de Martín Lorca y Escribano Martín, astifinos y correctos de presentación. Tuvieron poca fuerza los tres primeros (el tercero devuelto) y mansearon en los primeros tercios. El segundo, aplomadísimo. Dieron opciones cuarto y, en especial, quinto. Hubo un sobrero noble de Carmen Valiente.

Curro Díaz (de verde botella y azabache por la muerte de su padre): ovación y vuelta al ruedo tras petición.
Rafa Serna (de azul marino y oro): silencio en ambos.
Diego San Román (de nazareno y oro): silencio tras dos avisos y silencio tras aviso.

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