Por tercer año consecutivo el Club Taurino Tres Puyazos organizaba su Feria del Aficionado. Desde el año pasado, cuando se lidió una corrida extraordinaria de Reta de Casta Navarra, hay dos corridas de toros (el desafío del sábado por la tarde y la corrida de una ganadería de la matinal del domingo) y una novillada de cuatro reses (sábado por la mañana). Desde luego, hay que felicitar una vez más a esta asociación de aficionados que pusieron el dinero de su bolsillo en la primera edición para hacer posible este romántico proyecto. No obstante, quien estuvo ayer en San Agustín sostiene que el duelo entre Palha y Conde de la Corte fue una decepción, tanto en presentación, como en juego. Está muy bien llevar ganaderías “de las duras”, pero hay que llevar las que atraviesan un buen momento. Palha, por ejemplo, está en horas bajas. Sin embargo, Dolores Aguirre ha remontado claramente en los últimos años. El año pasado echó un gran toro en el desafío con José Escolar y se había ganado lidiar este año una corrida completa, que ha resultado interesantísima, por lo que el próximo año tampoco puede faltar.
Sin duda, el toro de la corrida fue el segundo, “Cañonero”, lidiado por Damián Castaño, quien lo recibió a portagayola. Tomó cuatro varas empujando de verdad. Damián lo lució citándolo de muy largo. Además, echó la pierna hacia delante. Damián sabe en qué compromisos debe darlo todo (Madrid, Bilbao, Cenicientos, Tres Puyazos…), aunque esa entrega también debe tener un límite. Debe ser un valor consciente y no inconsciente. Se equivocó tirándose a matar sin muleta (algo totalmente innecesario), siendo prendido. Visiblemente dolorido cogió el descabello porque no era capaz de entrar a matar de nuevo, que es lo que pedía el toro, que estaba muy entero. Toro y torero obtuvieron el premio de la vuelta al ruedo.

Salió de la enfermería a lidiar al melocotón quinto. Quizás, influido por el suceso épico de Manuel Escribano en Sevilla (que salió de la enfermería para recibir a portagayola al victorino al que desorejó) decidió hacer lo mismo. Se fue a la puerta de chiqueros, pero el de Dolores se revolvió y, Damián, muy mermado de facultades, no pudo escapar. De nuevo cogido y al hule.

Se encargó de su lidia Sergio Serrano, que lo dejó en el caballo de largo con una improvisada lopecina en el último puyazo. Cuajó una serie de derechazos muy templados hasta que el toro bajó la persiana (eso sí, ninguno abrió la boca).

En primer lugar, había lidiado a un toro que se arrancó de largo al caballo, pero al que Benedicto Cedillo siempre cogió muy atrás en los cuatro puyazos. Quizás, por ello, el toro se mostró reservón en la muleta del albaceteño. Serrano dio una gran serie de naturales encajado, pero debió coger antes la mano izquierda. Estuvo pinchaúvas.
El único toro que no sirvió fue el cuarto. Más escurrido, pero engatillado de pitones. Se lo lidió fatal, poniendo todas las banderillas de una en una. Hizo varios extraños en el capote a Sergio, quien no pudo hacer nada con este.

Francisco Montero estuvo mejor que en sus últimas actuaciones, pero por debajo de un gran lote. En el primero se olvidó de su particular teatro y dejó algunos naturales correctos. Por momentos, hasta se puso muy vertical, aunque despegado. Además, hay que agradecerle lo que lució al de Dolores, citándolo casi de punta a punta de la plaza. También lo lució en el caballo (como deben hacer todos los toreros en esta feria), propiciando el mejor tercio de varas de la mañana, a cargo de Antonio Peralta, quien lo cogió en el sitio en todas las ocasiones. Vamos, lo que no se ve en toda la temporada española (quizás sí en Francia en Vic y Ceret).
Si hablamos de picadores, al que todo el mundo esperaba era a Gabin Rehabi, que picaba al sexto (un animal muy en Atanasio) para dejar el buen sabor de boca en el aficionado. Sin embargo, esta vez el premio no se lo llevó él (ganó Peralta), ya que estuvo mejor toreando a caballo que en la colocación de los puyazos. No obstante, es distinto a los demás. No hay ningún otro varilarguero que mueva el caballo y la vara como hace él, citando como si fuese una muleta.

Tampoco ayudó el toro, que cantó la gallina en el tercer y cuarto puyazo. Como decía, fue el más prototípico de Atanasio, no solo por esa pinta burraca, sino también por esa mansedumbre propia del encaste dentro de una corrida muy brava. Aunque fue manso, fue manso encastado. Montero vendió mucho cada suerte por medio de gritos, miradas al público y hasta pidió una ovación para la ganadera (a la que había brindado) aprovechando un grito de “Viva Dolores Aguirre”. El toro vendió muy cara su vida, resistiéndose a morir. Muchos lo interpretaron como una muerte de bravo, cuando el toro había sido manso. Estaban muy predispuestos con la ganadería, que echó una gran corrida en líneas generales, pero la vuelta al ruedo del mayoral se me antojó muy excesiva.

Plaza de toros Antonio Ronda de San Agustín del Guadalix (más de tres cuartos de plaza): toros de Dolores Aguirre, muy bien presentados, bravos y encastados, salvo el paradísimo cuarto y el manso encastado sexto.
- Sergio Serrano (de caña y oro): palmas tras aviso y silencio y ovación en el que mató por Damián Castaño.
- Damián Castaño (de azul grafito y oro): vuelta al ruedo tras dos avisos y herido.
- Francisco Montero (de blanco y plata): silencio tras dos avisos y vuelta al ruedo.

