ROTUNDÍSIMA TARDE (SIN ESPADA) DE TOMÁS BASTOS EN VILLASECA. AHÍ HAY TORERO.

Tomás Bastos nos deleitó ayer en Villaseca de La Sagra con un toreo natural, al ralentí y de muchísimo gusto. Realizó dos faenas cumbres, fatalmente rubricadas con la espada, lo cual no debería privarle (a día de hoy) de ser el claro candidato a llevarse el prestigioso Alfarero de Oro. Tienen muy difícil superarle los demás, porque es la actuación más rotunda que yo recuerdo en esta pequeña plaza toledana. Y no solo eso: han sido las mejores faenas que he visto en el medio centenar de festejos que llevo presenciados en una plaza de toros durante esta temporada. Si no hubiese sido por la espada habría salido, al menos, con cuatro orejas. Quizás, algo más.
Gonzalo Capdevila resultó herido y se mostró temerario bajo los consejos de un Juan José Padilla que parece llevarle por el mismo camino que en su día a Manuel Perera. Zulueta es un novillero de muchísima clase, pero ayer quedó borrado del mapa por Tomás Bastos.


El novillero portugués no dejó pasar un quite y, la mayoría de ellos fueron a la verónica. ¡Qué verónicas! Ya desde el quite al segundo se vio cómo echa los vuelos hacia delante para traerse el novillo hasta el final en un largo y templado viaje. Lo repitió en su novillo, prácticamente un toro de Mayalde por edad y trapío. El novillo fue excesivamente noble, lo que aprovechó Tomás Bastos para cuajarlo toreando al ralentí por ambos pitones. Los naturales encajados, rematando atrás y con mucha verticalidad y despaciosidad fueron inmejorables.
También otro de ellos a modo de remate tras una serie de derechazos con el cambio de mano. Totalmente circular. Cristina Sánchez, su apoderada, le instó a irse a por la espada (realmente era el momento), pero Tomás Bastos estaba disfrutando tanto que le dijo que iba a dar otra serie más.

Tras irse a por la espada, la arrojó (esto es absurdo) para dar una serie de luquesinas que, en mi opinión, sobraron. No obstante, la faena fue excelsa; no así el uso de la espada. En su tierra, sin muerte, habría tenido una tarde inmejorable.


Con el sexto mantuvo el listón tan alto que había dejado en el tercero. Además, lo lució en el tercio de varas, con el novillo arrancándose de lejos en las dos varas. Fue mejor la arrancada que la pelea, en la que ya se vio la justeza de fuerzas del de Conde de Mayalde, lo cual no fue problema para Tomás Bastos, que lo trató con gran suavidad. Lo sacó del caballo por delantales. Pidió el cambio de tercio, pero el presidente le dijo que lo pusiera una tercera vez. Ante las protestas del público tuvo que cambiar el tercio.
El inicio de faena fue extraordinario, con una trincherilla de cartel de toros. De nuevo, templó las embestidas del novillo, cuajándolo con la derecha y al natural. Cuando este le hizo hilo hacia las tablas solventó la papeleta con un improvisado molinete, que mostró lo fresco de mente que estaba. Le funciona la cabeza y tiene un concepto del toreo extraordinario. «Aquí huele a torero», le gritaban desde el tendido. A torero importante.
En lo que sí tienen trabajo Cristina Sánchez y, por supuesto, el propio novillero es en la suerte suprema. No puede ser que tras una obra así se haga un borrón tan grande como el que hizo con la espada. En Villaseca, donde siempre hay buenos aficionados, uno de ellos comentaba: «no es que haya hecho guardia, es que eso es un piercing para el novillo». Y es así. Clavó la espada de milagro, únicamente en la piel en el primer intento, a pesar del volumen del novillo. Después hubo varios pinchazos arriba y todo se quedó en una vuelta al ruedo. Al novillo se le dio una exagerada vuelta al ruedo. Bastos hizo mucho mejor a su lote de lo que era; con clase, pero sin fuerza, ni casta.


Javier Zulueta también es un novillero de muy buenas maneras, pero más frío. Ayer lo barrió Tomás Bastos con un concepto muy parecido al del sevillano, que no cruzó la raya. Estuvo mejor con el quinto, al que le dibujó un buen saludo a la verónica. Con la muleta hubo un soberbio cambio de mano por delante. Sin embargo, la faena no cogió vuelo ni unidad hasta las postrimerías de la misma, con una gran serie de naturales de uno en uno rematando detrás de la cadera. La estocada cayó contraria.


El primero de su lote le había desarmado con el capote. Derribó al caballo en el primer puyazo, por lo que pegaron mucho y mal (muy trasero y abajo) en el segundo. Zulueta citó con el pico con la diestra y se atascó con la espada, pinchando reiteradamente.


Gonzalo Capdevila vino a sustituir a Martín Morilla porque a ambos novilleros los lleva Juan José Padilla, quien imagino que tendrá trato de favor porque estuvo apoyando a Villaseca el año de la famosa huelga. Cuando se bajaron de aquel Alfarero Manuel Diosleguarde y Alejandro Mora, Padilla sí que llevó a Manuel Perera y hasta salió a saludar él una ovación.
Capdevila se había caído el día antes de la novillada de Calasparra al salirle el compromiso de Villaseca (¿tal vez reservándose sin que le pasase nada?).
Recibió a sus dos novillos a portagayola, pero al segundo de ellos trató de seguirle dando largas cambiadas de rodillas cuando no había espacio, por lo que el novillo se lo llevó por delante de una forma feísima. Se lo llevaron rápido a la enfermería (con una cornada de diez centímetros en la zona inguinal), pero las cuadrillas insistían en esperar. No sería de extrañar que Padilla le incitase a salir de nuevo, porque a todos los lleva por el camino de la temeridad, cuando el toreo es, a mi modo de ver, lo que hizo ayer Bastos y no esto.

Tras mucha demora, el alguacilillo solicitó a Zulueta que saliese él. Empezó su faena y tras dos pases de tanteo apareció Gonzalo Capdevila por la puerta de la enfermería con un vendaje. Creo que se debería haber quedado dentro y encargarse el sevillano de la lidia y muerte de ese novillo. Gonzalo Capdevila realizó un trasteo al que no hay que restarle mérito y en el que demostró su valor, pero toreo hubo entre poco y nada. Cortó una oreja por la cogida.


Ya pudo sufrir un susto cuando el primer novillo se le arrancó de lejos en el inicio de faena y Gonzalo se echó de rodillas, para casi sin tiempo ni espacio cambiarle el viaje por la espalda. Se pasó cerca al novillo, aunque sin mucho gusto. Acabó recortando los terrenos para meterse entre los pitones. Al entrar a matar no hizo bien la cruz y mató quedándose en la cara del novillo.


Plaza de toros de Villaseca de La Sagra (dos tercios de plaza). Novillos de Conde de Mayalde, muy bien presentados. Con caja y trapío. Eran prácticamente toros por edad y hechuras. En la línea de lo que está saliendo de la ganadería de Rafael Finat esta temporada: es decir, bravos y con clase, pero algo carentes de fuerza y casta. Con mucha nobleza, también. Se premió con una exagerada vuelta al ruedo en el arrastre al sexto.

Gonzalo Capdevila, que sustituía a Martín Morilla (de verde botella y oro): ovación y oreja.
Javier Zulueta (de purísima y oro): silencio tras aviso y ovación.
Tomás Bastos (de gris perla y oro): oreja y vuelta al ruedo.

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