DESTACA VENEGAS CON UNOS SALTILLOS DE LOS QUE SE ESPERABA MÁS

Siempre se espera a los saltillos, más aún tras la gran corrida del año pasado (seguramente, la mejor de la temporada pasada en Las Ventas), pero la de hoy no estuvo al mismo nivel. Ni salió ese saltillo que no tiene un pase (el cuarto fue lo más parecido), ni tampoco el superclase, pues les faltó humillación. No obstante, no fue una mala corrida. Los toros tuvieron transmisión y poder, a excepción del segundo. Los que no tuvieron poder fueron los toreros. Juan de Castilla anduvo desbordado y Juan Leal sin decir nada (como siempre). Solamente destacó Venegas, que firmó una torera faena al primero en su vuelta a Madrid. Fue una grata sorpresa.


Venegas toreó con temple al que abrió plaza, un toro muy alto y con esa mirada viva que da este encaste y que hace que transmita mucho más que otros toros que parecen mortecinos. Qué contraste con el remiendo de Couto de Fornilhos, que ya iba con la boca abierta en el primer tercio. A este saltillo Venegas le dio muletazos de gran calidad por ambos pitones. Hubo buenos naturales y un precioso cambio de mano. Saludó una justa ovación.


Poco pudo hacer con el complicadísimo cuarto, muy amplio de cuna, con el que se lucieron Iván García y Fernando Sánchez en el tercio de banderillas. Qué buena cuadrilla trajo.


El segundo de la tarde fue un saltillo muy manso, aunque empujó de verdad en el caballo. Qué impredecible es esta ganadería. Juan Leal sacó la faena hotelera sin importarle la condición del animal que tenía delante, empezando con el péndulo en los medios. Ahí prosiguió el trasteo, dando mucha distancia al toro, tal vez, de manera equivocada, pues el saltillo era muy huidizo. Quizás, la faena debió ser cerrado a tablas, pero ahí habría que tragar porque el toro podría haber apretado más. Y Juan Leal estuvo muy periférico. Despegadísimo. Consiguió ligar una serie de naturales, pero sin ajuste ni, precisamente, naturalidad. El francés es un torero que no sabe realizar la suerte suprema. Se perfila lejísimos y se tira encima inconscientemente, perdiendo la espada.


Un toro de Saltillo no pasó el reconocimiento y otros dos se pegaron en los corrales, por lo que la corrida la tuvo que remendar un mastodóntico toro de Couto de Fornilhos. Un toro con muchísima caja, que estaba muy corraleado. Por ello, se repuchó en los dos picotazos que tomó hasta que tuvo que ser picado en la querencia. No tuvo movilidad y no transmitió nada, al igual que Juan Leal.


Juan de Castilla confirmó su mal momento tras la grave cornada que sufrió en enero en su tierra natal. Es algo entendible, porque fue un cornadón, pero es evidente que no está. Ha perdido el sitio. Le tocó un lote encastado al que no pudo en ningún momento.
Con el precioso lucero que hizo tercero empezó la faena de muleta en el centro del ruedo de rodillas en un alarde de valor, pero después no pudo mandar sobre sus embestidas.


Tampoco lo hizo con el codioso sexto, algo tardo, pero que cuando embestía iba con todo y reponía. Un toro complicado, pero con el que el colombiano hace un año seguramente habría dado una mejor imagen. Además, se eternizó con los aceros.


Plaza de toros de Las Ventas (17.687 espectadores). Toros de Saltillo, bien presentados y encastados en líneas generales, y un remiendo de Couto de Fornilhos, muy serio, pero manso, corraleado y parado.

José Carlos Venegas (de blanco y oro): ovación y silencio.
Juan Leal (de purísima y oro): silencio y silencio tras aviso.
Juan de Castilla (de nazareno y oro): palmas tras aviso y silencio tras aviso.

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