Baltasar Ibán es una ganadería de garantías. «Los taurinos» suelen emplear este término para los hierros más comerciales, aunque muchas de ellas suelen ser de más garantías de petardo que de triunfo. Baltasar Ibán sí echa toros de triunfo. Es verdad que normalmente son toros complicados porque dominar la casta da problemas. Hoy faltó ese picante, pero tuvieron mucha clase quinto y sexto. Al cuarto se le azuleó y Juan Miguel le realizó una faena desigual, de menos a más. Había cortado una oreja del tercero tras una faena de largometraje y un espadazo.
Fernando Plaza estuvo templado e hizo la mejor faena de la tarde al sexto.
El cuarto hirió de forma grave a Alberto Durán, que ha sido cogido en sus participaciones en la Copa Chenel. No tiene suerte en este certamen el torero de Zamora.

Abrió plaza un ejemplar de López Gibaja cornicorto. Destacaron las chicuelinas de Alberto Durán en un primer tercio en el que el toro derribó mientras que cobraba un mal puyazo.
Fue un animal sin nada de fuerza, con el que Alberto Durán porfió y dejó preciosos molinetes y molinetes invertidos, pero a pesar de su temple no pudo ligar los pases porque el toro se iba al suelo continuamente. La faena se basó en la mano izquierda. Trató de realizar la suerte suprema recibiendo, pero pinchó y terminó con el toro de una estocada delantera que provocó el vómito del animal.

El de Baltasar Ibán fue deslucido. Cogió al zamorano de manera muy fea y fue trasladado a la enfermería. Le dio muerte Juan Miguel. Sin embargo, el quinto también lo lidió Juan Miguel, no entiendo porqué, ya que Alberto Durán aún no había cogido la espada.

Juan Miguel saludó a la verónica de hinojos al primero de su lote, de López Gibaja, que se dio una fea voltereta y, sumado a lo mucho que se le pegó en el puyazo, provocó que se parase muy rápido. También empezó de rodillas su faena de muleta Juan Miguel, toreando en redondo con desmayo. Hubo un par de series de derechazos buenas, con naturalidad, aunque no con tanto ajuste. Cuando el toro se paró, el diestro optó por alargar en demasía el trasteo en los terrenos de cercanías. Mató de una gran volapié que valió por sí solo la oreja.

Buen toro el quinto, de Baltasar Ibán, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre, aunque me hubiese gustado verlo más en el caballo.

Juan Miguel realizó una faena poco limpia, con muchos enganchones. Le acabó cogiendo el aire al natural, donde hubo mayor acople, aunque al final de una gran serie acabó también amontonado. Sin duda, el izquierdo era el mejor pitón del toro, por donde rebosaba clase, y lo aprovechó Juan Miguel para instrumentar dos grandes cambios de mano por delante muy templados. Mató de otro gran puñetazo, pero este fue un punto atravesado y tuvo que hacer uso del descabello, con el que fallo, lo que acertadamente motivó al presidente a no dar la oreja, que se pidió, y por lo cual fue abroncado. Sí mostró el pañuelo azul para el ibán.

El tercero de López Gibaja también se apagó pronto. Fernando Plaza lo saludó a la verónica y quitó después por gaoneras. Comenzó su faena muleteril por estatuarios rematados con el pase del desdén y un buen natural ligado al de pecho. Destacó del toreo de Plaza la ausencia de toques, citando solo con un simple bamboleo de la franela, si bien sus series se hicieron algo monótonas. Calentó al público al final con las bernadinas y mató de una estocada tendida al segundo intento.

La faena de la tarde fue la que le hizo al cierraplaza de Baltasar Ibán, otro toro enclasado. Faltó esa casta que siempre esperamos de Ibán, pero lo cierto es que los dos últimos, como decía, tuvieron mucha calidad.
Fernando Plaza lo toreó con gran temple, sin dejarse tocar nunca las telas. Muy «en Talavante» (en el de antes de su retirada), que es el estilo de este torero. Al natural tiró de la embestida del toro, que por momentos hizo el avión. Qué bien colocaba la cara. Hubo un pase de pecho sensacional a la hombrera contraria.

Un desarme inoportuno al final provocó que tuviese que dar una última serie de naturales a pies juntos de perfil para que la faena volviese a terminar en un nivel alto. Falló con los aceros.

Plaza de toros de Valdemoro (lleno de «No hay billetes»). Toros de López Gibaja (primero, sin fuerzas; segundo y tercero, desfondados) y Baltasar Ibán (cuarto, deslucido; quinto y sexto, enclasados, con gran pitón izquierdo ambos). Se premió con la vuelta al ruedo al quinto, «Gallito».
– Alberto Durán (de verde agua y oro): silencio y herido.
– Juan Miguel (de purísima y oro): oreja y vuelta al ruedo tras petición.
– Fernando Plaza (de malva y oro): ovación en ambos.

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