PREDECIBLE PETARDO EN MADRID

Ayer y hoy. Dos petardazos seguidos en Las Ventas. No obstante, hay que decir que hoy sabíamos a lo que veníamos. La tarde empezó mal, no a las siete de las tarde cuando tocaron los clarines y timbales para que comenzase el paseíllo, sino días atrás, cuando solo se aprobaron dos toros de El Parralejo. Finalmente, por decisión del ganadero, todos volvieron al Monte San Miguel, negándose a lidiar únicamente dos toros, decisión totalmente comprensible. No sabemos cómo serían esos toros rechazados, pero sí cómo eran los de El Vellosino. Feos y sin hechuras de embestir. Y no embistieron. No pudo elegir una ganadería peor la empresa. Se fue a lo peor del campo «bravo».

Tan solo podemos destacar el poderío de Daniel Luque, que metió en las telas al quinto, un toro que, por cierto, había comprado ya una peña para las calles. ¿Y ahora qué hace esa peña? Entró en el turno de quites David de Miranda con una saltillera de mucha exposición y una gaonera amontonada. Se libró del percance cuando el toro se le coló. Luque empezó la faena de muleta con dos grandes trincherazos y destacó después en el toreo al natural.

Siempre con un enorme ajuste. Una faena muy técnica que terminó en los terrenos de cercanías, dejándose llegar los pitones del vellosino al pecho. Sufrió un susto, pero el toro era tan descastado que no hizo por él cuando lo tuvo a merced. El de Gerena brilló en la ligazón con la que ejecutó los pases de pecho, bien fuese ligados al natural, al derechazo, al molinete o a otro pase de pecho previo. El 5 y el 6 (donde hizo la faena) le pidieron la oreja. Fue una gran muestra de su capacidad, pero, obviamente, no era de oreja.

Con el segundo había dejado dos trincherillas de cartel de toros y poco más pudo hacer. Lo intentó, se lo pasó por delante y por detrás (por la espalda), pero aquello no tenía ninguna emoción.


Castella se las vio con un primer toro aplomadísimo y sin nada de fuerza, que no le dio opción ninguna. Trató de levantar el ánimo de la gente en el cuarto con las chicuelinas en el saludo para acallar las protestas al toro por sus hechuras, más propias de un bisonte. Empezó su faena muleteril sentado en el estribo acortando el ya escaso viaje del toro. Vienen con la faena hecha del hotel. Después, trató de volver a conectar con los tendidos citando de lejos para torear con las inercias, pero ni por esas. Otro toro paradísimo. Le tocó un lote muy agarrado al piso y sin ningún recorrido. Castella se puso pesado y escuchó dos avisos. Este torero siempre se pasa de faena, hasta cuando no hay nada que sacar.

David de Miranda venía de abrir la Puerta del Príncipe de Sevilla, pero hoy quedó inédito. Sí que sopló varias buenas verónicas al tercero, un toro cornicorto, basto y alto como un caballo. Estaba claro que no iba embestir, pero De Miranda lo brindó al público. ¿Por qué?

Tan solo se puede rescatar de su trasteo el inicio por estatuarios (a pesar del viento) y una serie de naturales a pies juntos.

De un espadazo caído mató al sexto, que confirmó el gran petardo ganadero. David de Miranda no pudo hacer nada con él.

Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes»). Toros de El Vellosino, que sustituían a los de El Parralejo. Feísimos de hechuras, descastados y sin recorrido. Muy parados.

Sebastián Castella (de grana y oro): silencio y silencio tras dos avisos.
Daniel Luque (de malva y plata): palmas tras aviso y ovación.
David de Miranda (de teja y oro): silencio en ambos.

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