TARDE DE EXPECTACIÓN, TARDE DE DECEPCIÓN

No fue un petardo, ni mucho menos, pero sí decepcionó la corrida de este jueves, una de las más esperadas del serial por los aficionados. Íbamos a la plaza con ilusión por la terna anunciada, pero estos no cumplieron con las expectativas generadas. Borja Jiménez no terminó de cruzar la raya, seguramente pensando en la encerrona del domingo. Para mí, un error de planificación que fuesen ambas citas en tan poco margen de tiempo. Tampoco tuvo un lote propicio. Sí lo tuvo Emilio de Justo, que se encontró con un lote de tres orejas, pero no cortó ninguna. Ojo, que si mata bien al cuarto, con lo barata que está la plaza, podría haber cortado dos, pero la faena no fue de dos. Estuvo acelaradísimo y ventajista.
Víctor Hernández dio la cara y tuvo dos cogidas feísimas en el sexto, un toro de Santiago Domecq (quinto y sexto remendaron la corrida de Jandilla). Salió «ileso» milagrosamente.
Molestó mucho el viento toda la tarde y condicionó el festejo.

Abrió plaza un burraco anovillado. Si este y el tercero pasaron el reconocimiento, ¿cómo serían los rechazados? Aunque el toro estaba justo, se vino arriba y dio más juego del esperado. Emilio de Justo estuvo muy elegante en el inicio de faena, pero después se retorció y se pasó al toro a una distancia prudencial. Madrid lo respetó por ser quien es y el cariño que le tienen, porque a Fernando Adrián, por ejemplo, se le censuró mucho más el retrasar la pierna de salida, algo que también hizo el de Torrejoncillo en cada serie. Tras los derechazos llegaron los naturales toreando hacia atrás. No digo detrás de la cadera, como debiera ser, sino perdiendo terreno al toro en vez de ganárselo con esa pierna tan escondida. De ahí que hubiese tan poco ajuste. Tras los naturales con la izquierda llegaron los ya típicos naturales de Emilio de Justo con la diestra. Se fue a por la espada para volverla a arrojar (vaya tontería), como suele hacer, para dar otra serie de naturales con la derecha. Esta fue mucho mejor, ahora sí, rematando detrás. ¿Por qué no toreó así todo el tiempo? Desde la cogida de su encerrona, pero, sobre todo, desde la temporada pasada De Justo se ha ido al camino fácil. Está totalmente acomodado. Estuvo errático con el descabello: dio más de una decena de golpes con el estoque de cruceta, escuchando dos avisos, igual que le pasó el 22 de mayo.

El cuarto fue el mejor toro de la tarde, un buen toro en la muleta. Tenía mucha repetición y fue bravo y codicioso, pero Emilio de Justo nunca pudo templarlo. Estuvo sobrepasado, toreando rapidísimo, pero al público del 4 y 5 eso parece darle igual. Se lo jalearon todo, aunque un grito desde el 7 se lo advirtió: «os están engañando». Y así era, porque a Emilio de Justo le hemos visto torear muy bien, pero su feria ha sido mala (la del año pasado también ya lo fue). Hubo un par de series al natural algo más interesantes, aunque también aceleradas, pero rápido se fue al populismo en una serie que parecía sacada del toreo cómico. Los molinetes, el invertido también, todo a doscientos por hora y ventajista. Para colmo, mató de una estocada en el lomo y baja. Y aún así trató de vender la muerte del toro levantando el brazo. Afortunadamente, ahora sí arrecieron las protestas del sector exigente. No cuela, Emilio. ¿Dónde quedó ese torero de 2021 o de los dos años previos al Covid?

Víctor Hernández volvió a nacer tras ser volteado a muchísima altura cuando el sexto lo cogió por la tripa al tratar de dar el primer capotazo. Después, lo llevó colgado de la chaquetilla hasta el centro del ruedo. ¡De la que se libró! Como se libró después de un feísimo derrote al pecho que, afortunadamente, entró solo por el corbatín. El diestro se agarró del pitón para librarse. Fue este toro de Santiago Domecq un toro de muy mal estilo, aunque interesante por el peligro que transmitió.


Poco pudo hacer con el tercero, un novillo con pitones. Debió matarlo antes, eso sí. Se puso pesado con las bernadinas, aunque al público general le gustan mucho.


Borja Jiménez tuvo una tarde muy discreta previa a su encerrona. El viento le impidió mandar en las embestidas de sus toros. Citó con la muleta algo retrasada y prácticamente podríamos decir que quedó inédito. Al bajar por una de las escaleras de Las Ventas hay un mural dedicado a Joselito con motivo del trigésimo aniversario de su mítica encerrona en la goyesca. Una de las mejores encerronas de la historia, en la que, además, sacó a relucir una enorme variedad capotera, con quites inverosímiles. Borja Jiménez no tiene ese repertorio, claro, y, sin variedad ganadera, la tarde se puede hacer muy lineal. Esperemos que no sea así y pueda triunfar.

Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes»). Toros de Jandilla (primero y tercero mal presentados), de los que destacó el lote de Emilio de Justo, en especial, el cuarto, bravo y repetidor en la muleta. Dos toros de Santiago Domecq remendaron la corrida: el sardo quinto (el mejor presentado) y el sexto, incierto y peligroso.

Emilio de Justo (de fucsia y oro): silencio tras dos avisos en ambos.
Borja Jiménez (de obispo y oro): silencio tras aviso y silencio.
Víctor Hernández (de lila y oro): ovación tras aviso en ambos.

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