En los medios y recibiendo. Así mató Román al tercer victorino de la tarde. Una estocada que valió por sí sola una oreja y que posibilitó que el valenciano abriese por segunda vez en su carrera la Puerta Grande de Las Ventas y se convierta (o debería) en el triunfador de la feria (ya cortó una oreja de peso el lejano 10 de mayo). Aquí reclamaba en el análisis de los carteles una tercera tarde para él o un puesto con las figuras tras su gran faena de Otoño, precisamente, con los victorinos.
Morenito no acabó de sacar partido a un buen cuarto toro, «Cobrapastos», familiar por tanto del mítico «Cobradiezmos» de Sevilla, mientras que Fernando Adrián tuvo un lote sin opciones y tampoco transmitió nada. Tanto él como Morenito debieron alargar menos los trasteos. La corrida de Victorino Martín fue una escalera, con toros serios, como el sexto, y otros impropios de Madrid, como el anovillado tercero o el cornicorto quinto. El segundo se tapó por la cara.
Por cierto, la plaza los fines de semana sigue llena de borrachos.

Román desorejó al tercero, un toro que estuvo por debajo de lo esperado de victorino y en Madrid. Ya la corrida de Sevilla estuvo horriblemente presentada. El de la A coronada mostró bravura y repetición en la muleta de Román, que lo aprovechó en una faena medida. Qué bien conoce este torero a Madrid. Destacaron los ceñidos y ligados pases de pecho. Eso sí, la faena fue prácticamente entera con la derecha, por lo que la segunda oreja se discutió. Sí hubo una serie final de naturales, pero con la diestra. Realmente, la faena era solo de una oreja, pero Román Collado nos sorprendió a todos con una estocada en los medios recibiendo que valió otra. Como aquella de Manzanares en 2011.

Poco pudo hacer con el deslucido sexto (muy mal picado), pero volvió a mostrar su lucidez de mente no alargando innecesariamente un trasteo que no iba a ninguna parte (cosa que sí hicieron sus compañeros de terna). En esta ocasión, se atascó con la espada.
Por ejemplo, Morenito de Aranda se puso pesado con ambos toros. El primero tenía peligro, pero escaso poder, pues no andaba sobrado de fuerzas. Por momentos embistió a la mexicana. Morenito se justificó.

También realizó una faena de largometraje al cuarto, un toro engatillado que humilló muchísimo. El de Aranda le dio muchas series hasta que el toro ya aminoró su calidad en las embestidas. En vez de tantas series, había que dar menos (como manda el encaste), pero mejores, tal y como había hecho previamente Román. No aprovechó el toro y, además, acabó con él de un bajonazo.

Fernando Adrián fue muy exigido. Con permiso de Roca Rey, ha sido al torero al que el siete más ha medido esta feria. Lo han tratado como a una figura por sus numerosas puertas grandes en Las Ventas. Los aficionados se pusieron de parte del segundo toro, algo avacado, aunque creo que más por censurar al de Torres de la Alameda que por el toro en sí, que salió de todos los muletazos con la cara arriba. Eso no es lo que se espera de los victorinos, acostumbrados a que vayan con el morro por la arena, como el cuarto.

Dicho esto, el concepto del toreo de Fernando Adrián a mí tampoco me convence nada, independientemente de que hoy creo que no tuviese toros. Estuvo muy pegapases con el quinto, al que se picó fatal y solo cobró un puyazo, pues en la segunda entrada se partió la vara y en la tercera el picador se fue al suelo. Mal el presidente cambiando el tercio, por lo que escuchó numerosos gritos de «fuera del palco».

Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes»). Toros de Victorino Martín desiguales de presentación, con algunos por debajo del trapío exigible para Madrid, como el tercero y el quinto. Destacaron el humillador tercero (ovacionado en el arrastre) y el pronto y repetidor cuarto.
– Morenito de Aranda (de obispo y oro): silencio tras aviso en ambos.
– Fernando Adrián (de verde botella y oro): pitos tras aviso y silencio tras aviso.
– Román (de celeste y oro): dos orejas con protestas y silencio.


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