Llevamos dos corridas de toros de la Feria de Otoño y lo único que podemos destacar es una tanda de naturales de Urdiales ayer y algunas verónicas que dieron él y Fortes. Hoy nada de nada… en cuanto a toreo. Toro hubo: el primero. Y muy bueno. Es cierto que el resto de la corrida de Victoriano del Río decepcionó, pero no faltó ese gran toro que suelen echar: «Despreciado». Fue el toro de la confirmación de alternativa de Marco Pérez y se le fue con las orejas puestas tras una faena aceleradísima y sin ajuste.

«Despreciado» traía unas hechuras perfectas y embistió de categoría. Tras un ceñido quite de Emilio de Justo por chicuelinas respondió Marco combinando delantales y altaneras con un precioso remate. Parecía poner cara la tarde y más aún cuando tras la ceremonia de cesión de trastos ejecutó un precioso inicio con doblones por bajo. Hubo un cambio de mano muy torero. Sin embargo, todo lo bueno que había apuntado el torero se diluyó en cuanto tocó hacer el toreo fundamental. Citó fuera de sitio y rápidamente comenzaron las palmas de tango del sector más exigente, que lo midió mucho (Emilio estuvo igual de fueracacho, pero se le respetó más). Como a una figura. Esto debió afectar a Marco, que se aceleró una barbaridad. En la siguiente serie, con la diestra, realizó la noria, un toreo muy populista que no encaja en esta plaza. Dio la sensación de no saber bien donde estaba: Madrid le pesó mucho. Aunque trató de rematar los muletazos detrás de la cadera, en el momento del embroque los pitones le pasan muy lejos del cuerpo, porque ya advertíamos que el charro ha ido desarrollando una técnica defensiva que en lugar de ayudarle a crecer como torero le ha hecho involucionar. Salió a saludar una ovación nadie sabe bien porqué después de desperdiciar un gran toro, lo que provocó que incrementasen de nuevo las protestas. Estuvo poco inteligente.

No mejoró su pobre imagen con el sexto. De nuevo, mostró sus ganas, tratando de levantar la plomiza tarde con una larga cambiada de rodillas, pero cuando hay que torear vienen los problemas. De nuevo estuvo acelerado y poco ceñido. Le faltó acople con el toro, además, que le llegó a desarmar.
Emilio de Justo también estuvo muy mal. Este torero lleva dos años de caída total. Con lo bueno que ha sido este torero… Por eso, Madrid estuvo condescendiente con su pésima colocación, siempre en la oreja del toro y citando con el pico.
El engatillado segundo de la tarde estaba muy justo de presentación para Madrid. Fue un toro manso que se rajó en una serie de naturales de Emilio.

Con el cuarto la tarde ya entró en el aburrimiento. No hubo ni toro ni torero.

El tercero era acarnerado y playero. Abría mucho la cara.

Embistió a arreones sin emplearse, sin descolgar para humillar. Le faltó entrega, la cual sí puso Víctor Hernández, que se jugaba mucho en esta tarde de cara a las posibles contrataciones en las ferias del año que viene, pero no pasó nada en su actuación. Todo se redujo a su valor en quites (siempre los mismos con el capote a la espalda: gaoneras y saltilleras). Víctor Hernández presentó la muleta plana al natural, enfrontilado. En Madrid siempre trata de hacer las cosas con pureza, pero no tuvo un toro de triunfo como el que sí tuvo Marco y lo que debió hacer es no prolongar tanto sus trasteos. Se puso pesado en ambos.
Además, la faena al desclasado tercero tuvo muchos enganchones y aburrió al personal con el quinto, cuando ya se había confirmado el petardo.

Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes»). Toros de Victoriano del Río, desiguales de presentación y decepcionantes en líneas generales, salvo el lote de Marco Pérez, con un sexto potable y un primero bravo y con gran calidad, ovacionado fuertemente en el arrastre. Manso el segundo, sin entrega ni clase el tercero y deslucidos cuarto y quinto.
– Emilio de Justo (de azul marino y oro): silencio tras aviso y silencio.
– Víctor Hernández (de sangre de toro y oro): silencio tras aviso y silencio.
– Marco Pérez, que confirmaba la alternativa (de grosella y oro): ovación con protestas y pitos.


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