BORJA JIMÉNEZ CORTA UNA OREJA DE UNA DESIGUAL VICTORINADA

Borja Jiménez cortó una oreja y Paco Ureña perdió otra con la espada de una corrida de Victorino Martín de juego desigual, pero interesante. Le faltó fuerza a los dos primeros. Fueron muy peligrosos el bravo quinto y el sexto, con los que Ureña y Borja Jiménez abreviaron. Se orientó rápido el cuarto después de que Uceda Leal le robase una gran serie de naturales, por la cual saludó una ovación.

Abrió plaza un precioso cárdeno claro de perfectas hechuras, pero al que le faltó mucha fuerza y poder. Perdió las manos en repetidas ocasiones, por lo que poco pudo hacer Uceda Leal con él.

Sí tuvo poder el cuarto, un toro listo. Más en victorino en cuanto a su juego. Le pegaron mucho en el caballo y llegó templado a la muleta de José Ignacio Uceda Leal, que acaba de cumplir los treinta años de alternativa. El madrileño dio un puñado de naturales al ralentí, pero, tras esa serie sensacional, el toro se orientó y empezó a quedarse debajo, sabiendo en todo momento donde estaba el cuerpo del torero.

El cornipaso segundo de la tarde tampoco andaba sobrado de fuerzas. Tenía un puntito más que el primero, pero como ya veníamos de lo que veníamos se protestó más a este. Arreciaron los pañuelos verdes en el siete, pero no apareció en el palco presidencial, que con buen criterio lo mantuvo en el ruedo.
Se vino arriba después y, a pesar de que la fuerza no se corrige, gracias a su clase permitió a Ureña reencontrarse con Madrid. Hacía tiempo que no veía así de bien a Paco (aunque luego lo estropeó todo con el quinto). Fue un trasteo con altibajos, made in Ureña. Se abandonó por momentos y se rompió con el de la A coronada. Con el compás abierto en algunos instantes, como el lorquino siente el toreo, y en otros momentos con el compás más cerrado y más natural. Al natural también toreó con la diestra cuando se desprendió de la ayuda y dio una gran serie. No faltaron sus clásicos muletazos mirando al tendido. Sin embargo, me gustó menos uno en el que el torero hizo el avión con el brazo que no torea. El avión es algo que tiene que hacer el toro y no el matador.

Perdió la oreja con los aceros, que tantos trofeos la han quitado en esta plaza, sobre todo, antes de aquel tremendo percance que tuvo en el ojo en Albacete.

Fue pitado con el quinto por no preocuparse de la lidia. Parece mentira que con lo que conoce (supuestamente) Madrid no le preste la debida atención a la suerte de varas. El toro salió con muchos pies y se arrancó presto al caballo de «Richi» que se sujetó milagrosamente evitando el derribo, pero se vengó recargando con saña y barrenando. De tanto barrenar se llevó el toro la vara puesta hasta que esta finalmente se desprendió.

Un oportuno aficionado sacó la pancarta que ya llevaba preparada que rezaba: «sanciones ya». Ureña no lo quiso dejar largo al segundo puyazo (el toro habría ido seguro), ni ponerlo una tercera vara. Esto último lo entiendo porque ya le habían dado de lo lindo en el primero, pero es una pena que ni siquiera en este tipo de corridas se luzca el tercio de varas.
Por ello, Paco ya se había puesto al público a la contra. Más aún cuando abrevió al verse desbordadísimo por la bravura y las complicaciones de la casta del victorino. Ya lo dijo Belmonte: «Dios te libre de un toro bravo». A buen seguro tampoco ayudó la pésima lidia que se le dio.

Sí estuvo acertado con la espada Borja Jiménez con el tercero, algo noticiable, pues es un torero que tampoco domina la suerte suprema. Pero a este lo tumbó de un gran volapié que le valió una oreja de forma unánime. Ni una protesta en el tendido. El inicio por bajo fue notable y la faena fue templada, con largos muletazos tirando de la embestida del victorino desde adelante hasta atrás, aunque lo que verdaderamente decantó la balanza fue esa gran estocada de efecto fulminante.

Por el contrario, el serio sexto no le dio ninguna opción. Fue un toro complejo y peligroso, con el que la cuadrilla pasó un mal trago y aquí hay que reseñar una vez más la difícil facilidad de Juan Carlos Rey, que puso dos pares que no fueron bonitos, pero sí de mucha exposición, con el de Victorino cortando mucho el viaje. Borja Jiménez vio que no podía meterle mano, miró una vez al callejón en busca de algún consejo y cuando volvió a mirar en la siguiente serie fue para cortar por lo sano e irse a por la espada.
La corrida no llegó a las dos horas de duración (a pesar de que se concedió una oreja), algo bastante inusual.

Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes»). Toros de Victorino Martín, bien presentados en líneas generales (bajó algo el tercero) y de juego desigual: faltos de fuerza primero y segundo, a menos el tercero, orientado el cuarto, bravo y complicado el quinto y peligroso el sexto.

– Uceda Leal (de blanco y plata): silencio y ovación.
– Paco Ureña (de azul noche y oro): ovación tras aviso y pitos.
– Borja Jiménez (de verde botella y oro): oreja y silencio.

*Posdata: por la mañana se celebró la final de España de recortes. El Peta se proclamó campeón en un año difícil para él y de gran superación tras la cornada en la femoral que sufrió a principio de la temporada.

El segundo de los toros del concurso de recortes fue de Paco Galache, ganadería de la cual tiene procedencia el ganadero de Galapagar en sus hierros de Monteviejo y Urcola, los cuales me gustaría volver a ver en la lidia a pie.

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