La corrida de este viernes resultó ser un bodrio insoportable. Insoportable por los toros e insoportable por este nuevo público de Las Ventas, que en realidad, ya no es tan nuevo, pues es el que ha fomentado la empresa Plaza 1 desde que entró en Las Ventas, haciendo que esta pierda su ideosincrasia. Pero es que cada año va a peor. Ese público que se pone en el sol es un público inculto, que solo va a los toros a beber y a dar la nota, como si estuviese en Pamplona. No faltan las trifulcas, como la que hoy hubo en la grada del 7. De toros no tienen ni idea: son capaces desde protestar que se corra turno hasta pedir una oreja a un Talavante chabacano, que no toreó nada.
Aguado está firmando una feria que le debería quitar de todas las venideras, pero eso no pasará. Morenito fue el único torero que aportó algo (poco) al festejo.

Talavante le cortó una oreja de poco peso al quinto bis, un sobrero veleto de Torrealta, que como toda la corrida, no tenía fuerza.

Talavante empezó su faena de rodillas, con un cambiado por la espalda tras el pase de pecho y el toro se derrumbó. Un aficionado gritó en la grada del 6 «el toro y el torero por los suelos». Estuvo acertado con el comentario, no como Talavante con ese planteamiento de faena más propio de Marbella. Totalmente bullangero. O, tal vez, sí que estuvo acertado viendo que Madrid parece un pueblo. Pensaría que para qué cruzar la raya (y cruzarse con el toro; siempre fueracacho) si a este nuevo público le va a gustar más este toreo accesorio y de arrimón. Y es que hubo una serie buena al principio, templada y suave, pero en la segunda apareció ya ese Talavante «inspirado». Qué mala es la inspiración que le viene desde que volvió, porque mientras antes sorprendía y era un complemento al toreo fundamental, desde su reaparición lo accesorio ha reemplazado totalmente a lo fundamental. Se ha vuelto un torero muy populista, que hoy basó su faena en cambiar la franela de pitón a pitón, en mirar al tendido y en un arrimón con un toro que no transmitía nada. Para colmo, la estocada fue muy contraria. El tendido 7, que siempre ha respetado muchísimo a este torero, hoy comenzó a hartase de ese toreo (otros lo hicimos hace tiempo). La oreja fue protestadísima. Sobre todo porque Talavante sabe torear muy bien. Qué pena en lo que ha quedado Alejandro.

Eso sí, le agradezco que abreviase con el colorado segundo en lugar de ponerse pesado como habría hecho la mayoría. Previamente, Pablo Aguado realizó un despacioso quite a la verónica y a los banderilleros les entró la psicosis de que Garcigrande es muy difícil de banderillear. Sorprendente lo mal que estuvo Javier Ambel.

Morenito de Aranda realizó lo más destacado de la tarde, por rescatar algo. Saludó al primero «Orgulloso» a portagayola. Un «Orgullito» indultó El Juli en Sevilla, que estaba en el tendido.

Este salió pegando saltos y Jesús tuvo que salvar la portagayola dando prácticamente la larga cambiada de pie. Después, lidió con solvencia. Repitió en la muleta del de Aranda, pero con una embestida descompuesta. Casi calamocheando. Morenito ligó una serie de derechazos y se justificó. Además, recetó una de las mejores estocadas de la feria, de efecto fulminante.

También dio la cara con el cuarto, al que volvió a robar pases, algo acelerados algunos.

Pablo Aguado se volvió a atascar con los aceros, aunque nada comparable a lo del día 21, cuando dio diecinueve descabellos y escuchó los tres avisos. Hoy fue con la espada con lo que anduvo poco fino en el tercero bis. El titular se fue al suelo en los dos puyazos. Se cayó otra vez más y vio el verde. Había expectación por ver al toro más pesado que recuerdo en una plaza (que yo haya visto), pues dio 715 kilos en la báscula, pero Pablo decidió correr turno y que primero saliese el sexto. Muchos lo protestaron. Deberían informarse antes de pronunciarse.
Aguado lo saludó con muchísimo temple y mimo a la verónica. Gran toreo de capa. Galleó después por chicuelinas para dejarlo en suerte, pero fue poco efectivo, ya que al final necesitó muchos capotazos para no quedar en suerte. Iván García puso dos buenos pares de banderillas.
Este toro también estaba justísimo de fuerzas. De hecho, debió ver el verde y no el último que fue devuelto.
Aguado toreó vertical y con naturalidad, pero sin toro no hay nada que hacer. Realizó una faena de enfermero.

En sexto lugar por fin salió el bisonte de 715 kilos. Tenía tanta caja que parecía no tener apenas pitones. Era un toro feo, como decía, con aspecto de bisonte o de búfalo más que de toro de lidia. Estaba cogido con alfireres, pero el presidente ahora tuvo la mano rápida para sacar el pañuelo verde. Después de la tremenda duración de la corrida y teniendo en cuenta que no se había devuelto al tercero bis, que para mí lo mereció más, yo a este no lo habría echado para atrás. El apoderado de Aguado, de hecho, se llevó una buena sorpresa. No lo entendía.
Ya con el anochecer y el tedio en los tendidos llegó la desbandada. Pablo pasó de torear a plaza llena a hacerlo con tres cuartos en este último, otro sobrero de Torrealta. El año pasado le hizo una buena faena a otro sobrero de Torrealta, que saltó en sexto lugar de la enfermiza corrida de Juan Pedro. Si nos paramos a pensar, las últimas cuatro tardes de Aguado en Madrid han sido, cuatro de las peores tardes de toros de los últimos dos años: Juan Pedro y Domingo Hernández el año pasado y El Puerto de San Lorenzo y Garcigrande este. Aún le queda otra de Juan Pedro Domecq el próximo viernes. Y poco antes hubo otras infumables de El Pilar, Román Sorando…
Aguado no dijo nada con este toro, pero, al menos, lo descabelló a la primera.

Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes»). Toros de Garcigrande, feos y sin fuerzas. Se devolvió al tercero, al quinto y al primer sobrero, un toro de 715 kilos. El segundo y el tercero sobrero fueron de Torrealta (tampoco tuvieron fuerza, ni casta).
– Morenito de Aranda (de azul marino y oro): ovación y ovación tras aviso.
– Alejandro Talavante (de sangre de toro y oro): silencio y oreja muy protestada tras aviso.
– Pablo Aguado (de teja y oro): silencio en ambos.
