He preferido esperar a realizar el balance de la feria de San Isidro a que pasase la Corrida de la «Beneficencia», de la que tienen la crónica en la anterior entrada del blog.
Esta ha sido una corrida marcada por el diluvio, como contrapunto a un San Isidro con un tiempo muy bueno, sobre todo, para el espectáculo. Sin lluvia y, muchos días, sin demasiado viento. Para el aficionado ha hecho demasiado calor, salvo al comienzo de la feria y un par de días al final de la misma.
La plaza ha seguido su deriva triunfalista. Cada año ese triunfalismo avanza a pasos agigantados. Mientras que el año pasado hubo solo dos toreros a pie que salieron a hombros (Talavante en la primera corrida y Morante en la última, en la Beneficencia; siendo ambas ya de por sí muy baratas), este año han salido ocho: el propio Talavante (de nuevo el primer día), Román (que igual que Talavante desorejó un toro), Ferrera, Diego Urdiales, Fernando Adrián y los tres novilleros: Álvaro Serrano, Julio Méndez y Julio Norte.
Se ha premiado a Talavante como triunfador, aunque, quizás, yo se lo habría dado a Román. No obstante, los mejores muletazos de la feria, los de mayor pureza, llevaron el sello de Fortes y del novillero Emiliano Osornio.

Esto refleja que ha sido una feria interesante por el buen juego de los toros, con muchos triunfos, pero realmente, no ha habido prácticamente nada rotundo. De hecho, en la mayoría de las ocasiones los toreros han estado por debajo de los toros.
Es más, la faena de la feria fue la de Sebastián Castella, pero la pinchó. Fue la realizada al toro «Cantaor», de Victoriano del Río. Sin duda, el toro de la feria y será el toro de la temporada. Aquí abro un pequeño paréntesis para decir que, en mi opinión, los dos mejores toros de lo que van de temporada solo difieren en una letra en su nombre: este «Cantaor» y «Cantador», de Julio de la Puerta, indultado hace unos días por Víctor Hernández en Vera. Recomiendo que vean ese toro también.
Volviendo a Madrid, «Cantaor» fue el toro que pone a todo el mundo de acuerdo. Bueno para el torero y para el aficionado. Una máquina de embestir. La vuelta al ruedo en el arrastre fue de ley. También se azuleó a «Ganador», de Nuñez del Cuvillo (de manera más polémica) y al novillo «Babieco», de Conde de Mayalde.

Victoriano del Río es siempre un seguro en Madrid. No solo ha echado al gran «Cantaor», sino también el toro «Soleares» (de Toros de Cortés) en la encerrona de Borja Jiménez y el excelente lote de la Beneficencia de Víctor Hernández: «Empanado» y «Gorrión», a los que no se pudo ver en plenitud por la tormenta. Por lo tanto, Victoriano del Río, para mí, ha estado muy por encima de las demás ganaderías, aunque se premió a Juan Pedro Domecq como mejor ganadería, un premio que no entiendo. Es cierto que echó una corrida toreable el día de La Prensa y otro toro que fue todo lo contrario el 5 de junio a Clemente. Un día antes había salido un remiendo de Santiago Domecq que también fue muy parecido, muy complicado. Y ese 4 de junio se lidió otro de los toros importantes de la feria, un jandilla con el que Emilio de Justo estuvo muy acelerado.

La antes mencionada Conde de Mayalde ha sido, para mí, la segunda ganadería de mejor juego, tras la de Victoriano. La novillada en la que destacó «Babieco» fue muy buena. Y en la corrida salió «Enarbolado», que fue un torazo muy lucido por Román, que siempre es muy generoso enseñando los animales.
Montealto también echó otra muy buena novillada. La divisa de Agustín Montes es de las que raras veces falla. Al igual que la de Ricardo Gallado, ya que Fuente Ymbro volvió a lidiar una encastada corrida y una novillada (aunque mal presentada) con un gran sexto utrero.
Saltillo lidió una corrida que, aunque no fue todo lo compleja que se podría esperar, fue interesante. La de José Escolar acabó por todo lo alto con un encastadísimo quinto toro y un sexto muy enclasado.
Y Pedraza de Yeltes echó el toro más encastado de la feria (el único que se lo puede discutir es ese quinto de Escolar): «Dulce» fue amargo para estar delante de él.

Otro de los toros encastados de la feria fue el jabonero de Cuvillo, con el que no pudo Juan Ortega.
Volviendo a los albaserradas, Adolfo Martín echó una segunda parte de la corrida por encima de lo esperado, viendo la deriva de esta ganadería en los últimos años, y Victorino volvió a echar un toro de triunfo, aunque se esperaba mucho más en este caso de los de la A coronada, tanto en juego, como, sobre todo, en presentación.

Como corrida completa hay que destacar la de El Torero, con un lote de bandera, que fue el de Fernando Adrián. Qué suerte tiene siempre este torero en los sorteos. También echó El Torero un buen sobrero en la encerrona de Borja Jiménez, que ha sido una de las decepciones de la feria, pues se esperaba mucho de él con esta apuesta tan fuerte que no ha rodado.

Esperaba mucho más también del novillero Tomás Bastos, que el año pasado me encantó en Villaseca de La Sagra.
Uceda Leal este año ha bajado notablemente su gran nivel y El Cid ha demostrado que ya no está para Madrid, al igual que Manzanares.
Tomás Rufo tampoco está, ni se le espera.
Emilio de Justo y Juan Ortega ya hemos dicho que también han decepcionado, pues han estado por debajo de sus toros, de triunfo claro.
Aunque la gran decepción ha sido Pablo Aguado. De sus tres tardes solo se recordarán los tres avisos que escuchó el primer día. Esa corrida de El Puerto y la de Garcigrande fueron los dos petardos más grandes de la feria, por encima incluso de los de Partido de Resina y El Vellosino (qué pena que no se lidiase la reseñada inicialmente corrida de El Parralejo). Lo peor de todo es que tanto El Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto, como Garcigrande volverán en Otoño si tienen toros y, sino, en el próximo San Isidro. Aunque peor que Garcigrande (mucho peor) está Domingo Hernández. Se vio en Otoño y también ahora en la encerrona de Borja Jiménez. Aún me pregunto porqué llevó esta ganadería. Tanto la encerrona, como esas corridas del Puerto y Garcigrande, como la de Mayalde, por los sobreros, se hicieron larguísimas en el tiempo.
Quizás, la más pesada para mí fue la de Garcigrande, porque al nulo interés en el ruedo y el desfile de inválidos se sumó el público de los viernes. Es insoportable cómo está la plaza los viernes y sábados (y casi que también los jueves de figuras) de borrachos. Al final de la feria se ha puesto personal de seguridad en las puertas. Ha habido peleas en el sol hasta en los rejones. Aquí, sigue mandando con puño de hierro Diego Ventura. A años luz de los demás.
A caballo también dio espectáculo Antonio Ferrera, que picó un toro de Adolfo y movió al equino mucho mejor de lo que lo hacen los picadores.
En cuanto a las banderillas el mejor par también lo puso un torero, Ismael Martín, pero muy cerca estuvieron los excelsos de Ángel Otero. A destacar también la regularidad de Iván García.
Y termino este balance o análisis de San Isidro pidiendo que repitan a toreros modestos que dieron la cara, como Manuel Diosleguarde, Clemente, José Garrido, Damián Castaño o Javier Cortés, aunque la actuación del de Getafe fue en la goyesca. Tanto Diosleguarde como Javier Cortés tienen la oportunidad de volver dentro de poco si llegan a la final de la Copa Chenel, en la que también me gustaría ver a Mario Navas y a Héctor Gutiérrez, dos toreros que aún no han confirmado y se lo merecen. También merecen volver a Madrid Adrián de Torres y Ginés Marín.

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