Una enorme tormenta condicionó la Corrida de la Beneficencia, la cual no logro entender que se siga llamando así. ¿A beneficio de quién? ¿De los empresarios? Una corrida benéfica es la que hacen en Villaseca de La Sagra en el mes de marzo. Eso sí es una Beneficencia. Se sabe para quién va el dinero previamente y, posteriormente, de cuánto fue la recaudación obtenida. Esto de Beneficencia solo tiene el nombre (y urge cambiarlo). Igual que la semana pasada tuvo lugar la Corrida In Memoriam a Ignacio Sánchez Mejías. ¿Alguien vio algún recuerdo a su persona además del cartel anunciador y de que la encerrona de Borja Jiménez se anunciase en la que fue la finca de Sánchez Mejías (Pino Montano)?

Pero vayamos a lo que hoy sucedió en el ruedo. Una corrida interesante de Victoriano del Río, pero lastrada por el diluvio universal. Los peores fueron los dos primeros, en los que mejores condiciones ambientales había. Ambos se desarrollaron en condiciones normales, pero ya en el tercero molestó muchísimo el viento que se levantó (una pena porque fue un muy buen toro). Y en el cuarto se cayó el cielo. Llovió a mares y, aunque bajó la intensidad después, ya no paró de llover en todo el festejo. El ruedo se convirtió en una piscina, pero Roca Rey tiró para delante con el quinto y a Víctor Hernández ya no le quedó otra que hacer lo mismo con el último, al que toreó muy bien dadas las condiciones de la plaza. Fue un buen toro de Victoriano, que me hubiese gustado ver en otro día «normal».

Como también fue un gran toro (de dos orejas) el tercero, como decía antes. Víctor Hernández toreó bien al natural y pudo cortar una oreja de matar bien, pero nunca dos porque estuvo por debajo del bravo y codicioso animal. No pudo mandar por culpa del gran viento. No obstante, tuvo mérito que se pusiese a torear al natural así. Dejó una media estocada tendida que demoró la caída del toro. Tampoco se le podía descabellar porque se amorcilló en las tablas y a punto estuvieron de sonar los tres avisos.
El sexto empujó mucho al caballo y protagonizó un gran romaneo.
Marcos Prieto puso dos grandes pares de banderillas. De muchísimo mérito, porque era muy fácil resbalarse. Víctor Hernández lo brindó al público y empezó en el centro del ruedo con el péndulo. Muchísimo valor por parte del de Santos de la Humosa. De nuevo, ligó los muletazos por ambos pitones, sobresaliendo su mano izquierda, aunque las series fueron desiguales porque igual que el torero se siente inseguro en el barrizal, lo mismo le sucede a los toros. Por ello, lo que al comienzo de la serie era arrancar por todo y con prontitud por parte del de Victoriano del Río, se iba diluyendo a lo largo de la misma al acortar el viaje. Hernández terminó su labor por manoletinas antes de dejar una estocada baja.

Víctor Hernández había dejado su carta de presentación con un quite por saltilleras al toro de Roca Rey (remató con la brionesa). Es decir, por el palo del peruano, que en quites también es el de Víctor, ya que todas las tardes realiza el mismo. Hay que tener mucho valor para hacerlo, pero hace falta más variedad. Roca Rey replicó por gaoneras y Víctor Hernández no se atrevió a pedirle otro quite a Andrés como hizo en San Isidro con David de Miranda.
Roca mostró una actitud de figura, la que le ha llevado a estar en el sitio de privilegio en el que está. Arrebatado, se la jugó de verdad en el explosivo inicio de faena al salpicado segundo. Citó de rodillas para cambiarse el viaje por la espalda, pero, puesto que el toro no acudía al cite, fue recortando distancia hasta que prácticamente no había sitio para cambiar la trayectoria del victoriano. Pero Andrés lo hizo. Y aguantó muchísimo en el parón del toro a poquísima distancia para dar otro inverosímil cambiado por la espalda. Tremendo. Se le vio cogido. ¡Cómo tragó! Por algo es figura del toreo, aunque ya sabemos que luego tiene muchísimas más dificultades en el toreo fundamental, como se vio. No obstante, también hay que decir que el toro se afligió al verse tan podido en ese inicio de Roca. Este torero tiene tanto poderío que, a veces, acaba con sus toros, que bajan la persiana, como fue el caso. Se rajó el manso y el trasteo bajó muchísimo en intensidad. Debió matarlo antes, porque ya no pudo transmitir nada y el toro se puso complicado para entrar a matar. Lo hizo pegado a tablas. Nos quedamos sin ver una de esas grandes estocadas a las que nos acostumbra este torero, porque al quinto tampoco lo pudo matar bien por el estado del piso.

De nuevo, mostró sus ganas y su gran valor, para empezar con echar para adelante la corrida y seguir con el festejo. Lo fácil habría sido suspender y, también, lo más lógico. Pero Andrés probó brevemente el estado del ruedo (que era muy malo), se santiguó y ordenó abrir la puerta. Eso sí, se picó muchísimo y trasero a este toro, para que se parase y no diese problemas al torero, algo entendible en tales circunstancias.

Roca Rey le dio distancia en el comienzo y se puso en los medios a torear. Mucho mejor con la izquierda que con la derecha. Dejó ayudados muy templados. Dio una muy buena imagen, aunque los de pecho fueron feísimos, tan retorcido.
Talavante siguió en su línea. Apático con el primero, aunque le agradezco que no alargue las faenas que no van a ninguna parte en vez de ponerse pesado como hace la mayoría. Este fue un toro sin fuerzas que debió ver el pañuelo verde.
En el cuarto le tocó lidiar con el toro y con el tremendo aguacero. Y, con ello, con la desbandada general en los tendidos. Los poquísimos que quedaron, junto con las gradas y las andanadas, le jalearon todo, venidos arriba por la lluvia. Talavante aprovechó ese ambiente populista para hacer su toreo post-moderno. Algún molinete, algún gesto de cara a la galería… Una faena de plaza portátil, aunque teniendo en cuenta cómo estaba el ruedo, totalmente encharcado e inundado, no era el momento de exigir nada.
Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes», aunque los tendidos se vaciaron en el cuarto por la tormenta). Toros de Victoriano del Río, serios. Muy bien presentados. Destacó el lote de Víctor Hernández.
– Alejandro Talavante (de catafalco y oro): silencio y ovación.
– Roca Rey (de berenjena y oro): palmas tras aviso y ovación tras aviso.
– Víctor Hernández (de verde botella y oro): palmas tras dos avisos y ovación.

