Ayer por la noche se disputó la semifinal a seis de la Copa Chenel con toros de Victoriano del Río, Domingo Hernández y Zacarías Moreno, ganadería de la cual sobresalió un toro codicioso y repetidor. Y con mucha nobleza y fijeza. Vamos, para hartarse a torear, pero hubo más toro que torero. Cuando sale un toro así es complicado estar a la altura y Héctor Gutiérrez, que llevaba una gran Copa Chenel y me parece un torero a tener muy en cuenta, anoche no estuvo a la altura de este gran toro, premiado con la vuelta al ruedo. Cortó dos orejas, sí, pero de poco peso. También cortó una autobusera Chicharro (¡y hasta le pidieron la segunda!) tras una voltereta. Pero el toreo lo puso Mario Navas. Marcó una diferencia abismal respecto a sus compañeros, y eso que Alejandro Marcos también anduvo muy torero y artista en sus remates. Ambos creo que merecen estar en la final. Mi final serían ellos dos junto a Javier Cortés, que dejó una gran serie de naturales con el inválido que abrió plaza. No tuvo suerte con su toro.
Manuel Diosleguarde pasó por Alalpardo sin pena ni gloria.

Abrió plaza un toro bajo de Zacarías Moreno y algo atacado de kilos. Javier Cortés lo recibió con el capote sentado en el estribo. Esto es algo habitual (aunque cada vez menos) en el inicio de una faena de muleta, pero para parar al toro con el capote es algo muy inusual y muy arriesgado. Pronto cantó el toro su falta de fuerzas, que se evidenció más con el transcurrir de la lidia, especialmente, tras el tercio de varas. Debió ver el pañuelo verde. Javier Cortés basó su faena en la mano izquierda, pulseando las embestidas tratando de que el toro no se fuese al suelo. Ya en la parte final del trasteo destacó una serie con la zocata con dos naturales a pies juntos y rematando atrás. Ahí debió irse a por la espada, pero dio otra serie con la derecha que no venía a cuento, pues el toro iba peor por ese pitón, y que resultó más deslucida por despegada. Pinchó y perdió la oreja.

El segundo fue un toro (por decir algo) impresentable de Victoriano del Río, totalmente acarnerado, cornicorto y pasado de romana. Parecía un toro americano para el rodeo.

Pero esta ganadería es tan buena que le embisten los toros sin hechuras. No fue un grandioso toro, pero sí se dejó y se fue aplaudido al arrastre. Alejandro Marcos anduvo muy inspirado con él. Lo saludó a la verónica y galleó por chicuelinas para dejarlo en el caballo. Comenzó su faena de muleta por ayudados por alto y una sublime trincherilla. Con muchísima suavidad y temple. La ligó a otro natural cumbre. Repitió la secuencia de trincherilla y natural. Fue un inicio de faena soberbio. Después, la obra de Alejandro Marcos estuvo presidida por la naturalidad y la ausencia de toques. Toreó con el mentón hundido, con mucha hondura, aunque corrió algo rápido la mano por ambos pitones. Sin embargo, las series quedaban en todo lo alto con sus bellos remates. Se dio una vuelta al ruedo por su cuenta tras un bajonazo. Estuvo muy bien, pero tras semejante estocada no debió darla. No obstante, el de la Fuente de San Esteban debería estar en la final del día 30 en Las Ventas. A las tres saldremos de dudas, en poco más de una hora.

El tercero fue el gran toro de la corrida. Un toro armónico de Zacarías Moreno. Bajo, pero con cara. Muy bien hecho. Gustó de salida por su presentación y más aún en cuanto se enceló en el capote de Héctor Gutiérrez, que dio un extenso ramillete de verónicas porque el toro reponía una y otra vez sin descanso. Hubo un momento en el que pareció que se podía rajar ya al verse tan obligado, pero en realidad lo único que estaba cantando era todo lo que se abriría después. Fue un toro para soñar el toreo. Acudía presto a la muleta del mexicano, repitiendo con codicia y casta, pero con suma nobleza, pues no apartaba la vista de la muleta (¡qué fijeza!), a la que parecía que se quería comer, pero sin ahogar al torero al tener ese metro de más. Un toro con el que habría disfrutado muchísimo en su día El Juli, por ejemplo, porque eso sí, pedía poderlo por abajo. Héctor Gutiérrez bajó la mano, sí, pero aquello fue excesivamente rápido y algo despegado. Muy mecánico, también. Mostró sus buenas formas, pero no cuajó al toro, que era para mucho más. Era de lío gordo. Justamente azuleado. Héctor Gutiérrez tuvo que tirar de las bernadinas cambiando el viaje para lograr una conexión con el respetable que no había conseguido toreando. José María Costales le dio dos orejas muy excesivas y que pueden ser claves para pasar a la final.

El cuarto fue un feo colorado de Domingo Hernández que hizo cosas extrañas, como de no ver bien, probablemente, deslumbrado por los focos. No tuvo suerte Manuel Diosleguarde, quien tampoco dijo mucho, más allá de la larga cambiada de rodillas en el recibo capotero. Se le vio acelerado y toreó con poco ajuste. Además, el toro le tocó en varias ocasiones la franela. Eso sí, realizó muy bien la suerte suprema, aunque la estocada fue caída.
El quinto fue un toro de Victoriano del Río bastante mejor presentado que el segundo. Mario Navas lo saludó a la verónica y sonaron los olés roncos de los partidarios que arrastra este torero. Desde luego que es un torero a seguir. Desde novillero se ha visto que el vallisoletano es diferente. Tiene mucha personalidad y bebe de toreros como Belmonte o Morante. Luego llegará a algo o no, pero las formas que tiene son exquisitas. Su inicio de faena sentado en el estribo y ligado después a un natural enroscado fue para el recuerdo. Como le suele suceder, su faena fue desigual, aunque puestos a elegir, mejor así que esos trasteos lineales y monótonos de otros. Aquí hubo momentos sublimes, como algunos naturales largos, hasta atrás, pero sin descomponer nunca la figura. Mario torea con toro el cuerpo. Carga la suerte y lo hace todo con mucha profundidad. En mi opinión, le faltó dar un poco más de sitio al toro, ya que desde el comienzo lo citó muy en corto y, al rematar tan detrás de la cadera, el toro se le quedaba debajo y era complicado ligar. Dicho lo cual, como decía antes, prefiero esto que los que ligan un pase tras otro sin sentimiento, pero creo que dando un poco más de distancia podría haber aprovechado las inercias de las embestidas del victoriano para que se fuese un poco más largo.
No obstante, en Alalpardo, esta faena sí era de dos orejas incontestables de haber matado bien, pero no lo hizo. Aquí sí que tiene que mejorar muchísimo el pucelano, pues se suele atascar muchísimo, como ayer, pinchando una y otra vez.
Cerró plaza un Domingo Hernández acapachado para Alejandro Chicharro, que claramente es el peor torero de los seis. Y después de ver a Mario Navas poco más podía hacer que recurrir a los efectismos, como ese inicio con el péndulo. Después, nada destacable en cuanto al toreo fundamental hasta que acortó las distancias, fue cogido sin consecuencias y se pegó el arrimón. Por eso, debe ser, se le concedió una orejita autobusera. Hay que decir que se tiró bien a matarlo, quedando incluso la espada un punto contraria, que puede ser la única justificación de dicha oreja, que por el bien del espectáculo, confío en que no le sirva para entrar en la final. Como es de Miraflores de la Sierra trajo muchos paisanos que le pidieron la segunda y que incluso se quejaban de que el presidente se la había robado… pero la que le dio ya fue un regalo.

Plaza de toros de Alalpardo (lleno de «No hay billetes»). Toros de Zacarías Moreno (el primero sin fuerzas y el tercero de bandera: «Rebujino», premiado con la vuelta al ruedo), Victoriano del Río (segundo y quinto: ambos se dejaron, pero el segundo fue impresentable) y Domingo Hernández (tercero y sexto, deslucidos).
– Javier Cortés (de verde y azabache): ovación tras aviso.
– Alejandro Marcos (de rosa y plata): vuelta al ruedo con protestas.
– Héctor Gutiérrez (de coral y oro): dos orejas.
– Manuel Diosleguarde (de verde hoja y oro): ovación.
– Mario Navas (de verde botella y oro): ovación tras aviso.
– Alejandro Chicharro (de azul pavo y oro): oreja tras aviso.

