Rafael de la Cueva vino a Villaseca a llevarse el Alfarero de Oro, aunque tendrá la competencia de Ruiz de Velasco y Jorge Hurtado (por el momento). Dio una gran imagen con el tercero, toreando con un ajuste tremendo, como contrapunto al toreo despegado de López Pereguino. Juan Alberto Torrijos pasó sin pena ni gloria por Villaseca. Los que sí tuvieron una actuación muy destacada fueron Filipe Gravito y Víctor del Pozo con las banderillas. Este último también en la lidia del tercero. Vaya temporada la suya. Es un torero de plata sensacional y atraviesa un gran momento. Y Juan Melgar picó como se debe picar. Puso al público en pie.
Alcurrucén lidió una novillada correosa y de pocas opciones, en la que hay que salvar ese buen tercer utrero.

El abreplaza fue altote y sin estilo, que siempre protestó. Bravucón. Tampoco ayudó la lanzada criminal que le pegó el picador vengándose del derribo previo. Trasera y tapando la salida al novillo. A López Pereguino se le vio del color de su traje: verde.

Precioso el segundo, berrendo en cárdeno.

De nuevo, falló la lidia durante el tercio de varas. Es de las pocas cosas a mejorar en Villaseca. Se vio en el cuarto que cuando se hacen las cosas bien gustan. Juan Alberto Torrijos se fue acoplando poco a poco, aguantando algunas miraditas del animal, y acabó extrayéndole varios pases templados al final de la faena. Se atascó con el descabello. Se desmonteró Filipe Gravito en el tercio de banderillas.

Rafael de la Cueva toreó al bravo tercero con muchísimo ajuste desde el ceñido comienzo por estatuarios a las mondeñinas finales. Milimétricas. Entre medias una faena basada en la mano izquierda (¡aleluya!) con naturales en los que no cabía un alfiler entre su cuerpo y el novillo.

Juan Melgar protagonizó uno de los mejores tercios de varas de la temporada. Dos puyazos en la yema, delanteros. Todo lo contrario a lo que estamos acostumbrados a ver (por desgracia). López Pereguino nos privó de una tercera vara, lo que le reclamó el público. El novillero dio la sensación de no saber donde estaba (en una plaza de aficionados y con seriedad), ya que poco después también solicitó cambiar el tercio ¡con dos banderillas! Obviamente, no se le concedió y lo volvió a pedir con tres (bien el presidente volviendo a hacer oídos sordos). Lo peor de todo es que en el primero Pereguino ya había hecho lo mismo. Realizó después una faena periférica. Igualito por donde se los pasó que como se los había pasado justo antes el venezolano… Solo se puede rescatar de su tarde una tanda al natural a pies juntos. Fue prendido sin consecuencias al entrar a matar.

Muy bonito de lámina el quinto: berrendo en negro chorreado y lucero.

Sin embargo, fue un novillo con poca historia, que echó la cara arriba en el peto con un solo pitón y fue deslucido en la muleta de Juan Alberto Torrijos, que dio muchos pases, pero no dijo nada. Seguramente, no lo mató antes porque la gente estaba animada escuchando la trompeta de El Soro.

Al pelaje del sexto le podríamos poner mil adjetivos: negro mulato, chorreado, facado, girón, bragado, meano, corrido y calcetero. Lo banderilleó excelentemente Víctor del Pozo. Fue un animal sin recorrido, lo que imposibilitó a Rafael de la Cueva redondear su tarde. Acabó muy resentido de una lesión en el hombro al realizar la suerte suprema (que, además, tuvo que hacer en tres ocasiones en este novillo).

Plaza de toros de Villaseca de La Sagra (media plaza). Novillos de Alcurrucén, algunos escurridos, pero todos con imponentes caras. Muy astifinos y varios de bonitas láminas. Destacó el bravo tercero. Fueron ásperos y a la defensiva los demás, en líneas generales.
– López Pereguino (de verde hoja y oro): silencio y ovación.
– Juan Alberto Torrijos (de fucsia y oro): ovación tras aviso y ovación.
– Rafael de la Cueva (de verde botella y oro): oreja y palmas.


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